Un niño no necesita pasar hambre para estar malnutrido. Incluso, puede presentar una deficiencia nutricional sin que sus padres lo noten. Conoce por qué ocurre y cómo evitarlo.
Cuando se habla de malnutrición, muchas personas piensan únicamente en la desnutrición. Sin embargo, este problema también puede presentarse en niños que consumen suficientes alimentos, pero no reciben los nutrientes que requieren para crecer y desarrollarse. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la malnutrición es el resultado de una alimentación inadecuada en la que sobran o faltan nutrientes.
Esto significa que la malnutrición no siempre es evidente. Un niño puede parecer saludable y, aun así, presentar carencias nutricionales que pasan desapercibidas.
La malnutrición invisible
Además de la desnutrición, la malnutrición puede manifestarse de otras formas menos evidentes:
- Sobrealimentación: ocurre cuando se consumen más calorías de las que el organismo necesita. Que un niño coma grandes cantidades de alimentos no siempre significa que esté bien nutrido. En muchos casos, estas calorías provienen de productos ricos en azúcares y grasas, pero con escaso aporte de vitaminas y minerales.
- Deficiencia nutricional: se presenta cuando la alimentación no aporta los micronutrientes esenciales en las cantidades adecuadas. Una dieta poco variada, basada en los mismos alimentos, puede provocar carencias nutricionales. En otros casos, ciertos problemas de salud, como algunas intolerancias alimentarias, pueden dificultar la absorción de nutrientes.

Los ultraprocesados y las bebidas azucaradas
Actualmente, el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas es uno de los principales factores que favorecen la malnutrición infantil. Estos productos aportan calorías, pero pocos nutrientes esenciales para el crecimiento y desarrollo infantil.
La alimentación desempeña un papel fundamental durante la niñez. Sin embargo, millones de niños crecen en entornos donde las bebidas azucaradas, la comida rápida y otros productos ultraprocesados son fáciles de conseguir y están presentes de forma constante en la publicidad. Como resultado, se promueven hábitos alimentarios poco saludables que pueden derivar en problemas de salud a corto y largo plazo.
Factores del entorno que influyen negativamente en la alimentación infantil
Según el informe sobre nutrición infantil 2025 “Alimentando el negocio”, de UNICEF, existen diversos factores del entorno que influyen en la alimentación de los niños. Los espacios donde viven, aprenden y juegan están cada vez más expuestos a alimentos y bebidas poco saludables, como los productos ultraprocesados, que suelen ser accesibles, económicos y promocionados de forma constante.
La venta de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados ha aumentado en comercios y entornos escolares debido a su bajo costo y fácil acceso. Aunque en muchos países su comercialización está regulada, estos productos siguen presentes en los planteles educativos porque suelen ser más económicos que los alimentos frescos o mínimamente procesados.
A su vez, niños y niñas están expuestos constantemente a la publicidad de alimentos y bebidas ultraprocesados, especialmente en entornos digitales. Esta exposición influye en sus preferencias y hábitos de consumo, ya que las marcas utilizan anuncios personalizados, interactivos y atractivos. Además, gran parte de esta publicidad pasa desapercibida para madres, padres y cuidadores, lo que dificulta identificar su impacto en las decisiones alimentarias de los menores.

La importancia de los micronutrientes
Una nutrición adecuada influye directamente en el desarrollo cognitivo y en el funcionamiento del sistema inmunológico. Cuando el organismo no recibe o no absorbe correctamente los nutrientes que necesita, las defensas pueden debilitarse y aumentar el riesgo de infecciones.
Asimismo, los micronutrientes son indispensables para producir enzimas, hormonas y otras sustancias que intervienen en el crecimiento, el aprendizaje y el desarrollo infantil. Entre los micronutrientes de mayor relevancia para la salud pública se encuentran el hierro, presente en alimentos como carnes, pescado, fréjol, lentejas y espinaca; el yodo, que se encuentra en lácteos, mariscos y sal yodada; y la vitamina A, presente en alimentos como zanahoria y vegetales de hoja verde.
La deficiencia de estos nutrientes puede afectar el crecimiento, el rendimiento escolar y la capacidad del organismo para combatir enfermedades.
Cómo evitar las deficiencias nutricionales
- Ofrece una alimentación variada que incluya frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, lácteos, huevos y carnes.
- Prefiere el agua en lugar de bebidas azucaradas, refrescos o jugos industrializados, ya que estas aportan azúcar, pero pocos nutrientes.
- Establece horarios regulares de comida para fomentar hábitos alimentarios saludables.
- Realiza controles médicos periódicos para supervisar el crecimiento y desarrollo de tu hijo/a y detectar a tiempo posibles deficiencias nutricionales.
- Prioriza alimentos frescos y naturales, limitando el consumo de galletas, snacks, golosinas, embutidos y otros productos ultraprocesados.
Recuerda, una buena nutrición no depende de la cantidad de comida que consume un niño, sino de la calidad y variedad de los nutrientes que recibe cada día.