Entre la pasión del hincha y la exigencia del periodismo, Alfonso Laso nos revela cómo se vive un Mundial, analiza a la selección ecuatoriana y, rumbo a su séptima Copa del Mundo, invita a disfrutar esta fiesta con orgullo, memoria y pasión.
Hay voces que se convierten en parte de los recuerdos. En Ecuador, hablar de Mundiales, goles y emociones futboleras también es hablar de Alfonso Laso, periodista y narrador deportivo. Su relato ha acompañado a miles de hinchas en momentos de alegría, tristeza, nervios y orgullo junto a la Tri. Más que narrar partidos, ha logrado conectar generaciones enteras a través de la emoción del fútbol.
Antes de convertirse en una de las voces más reconocidas del país, Alfonso también vivió el fútbol desde la cancha, en las divisiones inferiores de Sociedad Deportivo Quito. Hoy, con más de 40 años de trayectoria en el periodismo deportivo, es una de las voces más representativas del fútbol ecuatoriano y, este año, volverá a acompañar a la selección en el Mundial 2026.

22 de junio 1982. Alfonso llegando al estadio La Rosaleda, en Málaga, para el partido
entre Rusia y Escocia.
—¿Cómo es vivir un Mundial de fútbol?
—Vivir un Mundial es una experiencia única. Primero lo viví como aficionado y después como periodista.
Mi primer Mundial fue la Copa Mundial de la FIFA España 1982. Mi papá nos llevó a mi mamá, a mi hermano y a mí mientras él trabajaba en prensa. Recorrimos distintas ciudades y estadios, siguiendo sobre todo a Argentina y Brasil. Recuerdo la emoción de vivir cada partido sin preocupaciones y esa inolvidable final en el estadio Santiago Bernabéu, donde Italia salió campeón. Lo recuerdo como una experiencia de pura euforia y felicidad.
En los 90, mientras estudiaba en Argentina, viví otro Mundial de una forma distinta: por la diferencia horaria, estudiaba en la noche y veía fútbol todo el día. La emoción se sentía en todo Buenos Aires, la gente estaba llena de ilusión. En 1994, empecé a vivirlos trabajando y descubrí otra realidad: la de las largas jornadas, los viajes constantes y la presión de cubrir información en tiempo real.
Como periodista, un Mundial significa muchísimo trabajo y muy poco descanso. Pasas horas preparando transmisiones, moviéndote entre ciudades y generando contenido. Es una experiencia increíble, pero también agotadora. Recuerdo que en un Mundial llegaba al hotel y decía: “voy a ver un poco de fútbol”, y terminaba quedándome dormido del cansancio. ¡Nunca me había pasado!
Hay estrés, desgaste físico y jornadas muy intensas, aunque todo se compensa al estar en un estadio lleno, sintiendo la emoción y la energía del Mundial. Son experiencias que terminan marcándote para siempre.
“Cuando vas como aficionado disfrutas con tu familia o amigos; cuando vas a trabajar en un Mundial, solo la adrenalina te sostiene, es realmente pesado.”
—Alfonso Laso, la voz de la Tri

15 de junio 2014. Ecuador calienta en el estadio Mane Garrincha de Brasilia,
antes de su debut frente a Suiza.
—¿Hubo un partido que marcó antes y después en tu forma de narrar?
—Creo que uno no se hace relator en un partido, sino en la suma de vario, porque vas sumando recursos y vas sacando cosas que no te sirven.
La experiencia te va diciendo también cómo ir llevando la narración. Recuerdo que, cuando era muy joven, casi me quedo ronco por gritar demasiado en un partido y apenas iban 20 minutos. Eso pasó por no medirme. Es igual que en el fútbol: un jugador no puede salir a correr descontroladamente desde el primer minuto porque al final del encuentro ya no avanza.
Con los años, fui sumando elementos a mi narración que terminaron conectando con la gente. Muchos recuerdan ciertos relatos por la importancia de los partidos y por las emociones que transmitían.
Puedo decir que, sin duda, el Mundial de 2006 fue un clic importante para mí. Era el relator de la cadena de televisión que transmitía los partidos de Ecuador y, además, a la selección le fue muy bien. Ese triunfo ante la selección de fútbol de Polonia quedó muy marcado tanto para la gente como para mí.
Y en el partido con Costa Rica, el segundo gol lo hacen los tres chicos del Valle del Chota: Ulises, Edison y Tim. Ahí uso esa frase sobre el Valle del Chota porque siempre tuve muy presente de dónde venían. Yo los vi crecer futbolísticamente y conocía las circunstancias en las que jugaban. Hoy el fútbol juvenil está mucho más organizado y los clubes trabajan mejor con los chicos, pero antes era muy distinto. Ellos crecieron jugando en canchas de tierra, piedras y huecos, como la cancha de El Juncal, al lado del río, donde después los guaguas hasta se bañaban. Jugaban descalzos y, para cualquiera de ciudad, eso parecía imposible, pero para ellos era normal.
Entonces, en ese relato, más allá de la emoción del gol, estaba el recuerdo de todo lo que representaban: chicos que salieron prácticamente de la nada para convertirse en figuras que llenaban de orgullo al país y en inspiración para miles de niños y niñas que soñaban con ser como ellos. Hasta ahora mucha gente me recuerda especialmente ese relato cuando vuelven a aparecer goles de la selección.
También me pasa con un gol ante Polonia, cuando Antonio Valencia recién comenzaba y yo digo: “¿y cuántos años tiene este muchacho?”, era un chico y parecía el más grande de todos. Son frases que nacen en el momento y que después se quedan en la memoria de las personas.
Por eso siempre trato de relatar con el alma y el corazón futbolero, sin frases preparadas ni cosas forzadas. Creo que la emoción tiene que sentirse genuina. Suelo preguntarme: ¿cómo relato esto?, ¿qué más puedo decir? Porque no alcanza con solo gritar. Hoy mi búsqueda también pasa por eso: encontrar algo que emocione más allá del gol, pero sin cruzar límites ni faltar al respeto. La idea es transmitir emoción de una manera auténtica y que eso pueda trascender.

13 de diciembre 2022. Tras la semifinal entre Argentina y Croacia en el icónico estadio Lusail.
—Como periodista deportivo, ¿cómo te preparas para ir a un Mundial?
—Siempre he pensado que, así como la selección llega al Mundial gracias a un proceso, a los periodistas nos pasa exactamente lo mismo. La preparación no empieza un mes antes; viene de años de trabajo.
Los jugadores se preparan en sus clubes, crecen en cada convocatoria y, cuando llega el Mundial, terminan de pulir detalles. Creo que nosotros vivimos algo parecido. Durante todo el ciclo vas siguiendo selecciones, conociendo jugadores, analizando equipos y entendiendo cómo evolucionan. Después, cuando se acerca el torneo, ya empiezas a enfocarte en los partidos que te tocará cubrir. Hay selecciones de las que normalmente escuchamos poco, como algunas de África o el Caribe, y ahí comienza un trabajo más profundo: ver cómo juegan, quiénes destacan y familiarizarte con ellas.
Además, existe una preparación logística enorme. En este Mundial será más complejo porque en Estados Unidos habrá muchos desplazamientos entre ciudades, algo muy distinto a Qatar, donde todo estaba mucho más concentrado.
Por eso, yo creo que ningún periodista llega o debería llegar a un Mundial a improvisar. Así como una selección no puede cambiar todo a última hora, nosotros tampoco. El relato, el estilo y la manera de comunicar se construyen con el tiempo. Si quieres mejorar algo, lo haces durante todo el proceso, no en el torneo más importante.
Por eso siento que llegar a un Mundial también es algo que te ganas, te lo ganaste por todo lo que viniste realizando. Vas creciendo como periodista y, cuando finalmente estás ahí, entiendes que todo el trabajo previo era parte de la preparación. El Mundial exige llegar listo, dejando muy poco espacio para improvisar.

—¿Cómo le irá a la selección en este torneo?
—Todos coincidimos en que tenemos una generación de jugadores única. La mayoría juega fuera del país y varios están en clubes importantes del mundo. Claro, cuando comparas a Ecuador con otras selecciones mundialistas, notas que muchas tienen a casi todos sus futbolistas en equipos élite de Europa.
Nosotros vemos a jugadores como Moisés Caicedo en Chelsea FC, a Willian Pacho en el Paris Saint-Germain o a Piero Hincapié destacando en Europa, y eso ilusiona muchísimo. También hay futbolistas compitiendo en Brasil, en clubes como Regatas do Flamengo o Atlético Mineiro, algo que tampoco es sencillo.
Aun así, hay que dimensionar bien nuestra realidad. No tenemos 15 jugadores en la Premier League o varias figuras en las ligas más poderosas del mundo, como sí ocurre con otras selecciones. Sin embargo, eso no significa que Ecuador no pueda competir. Tenemos la mejor defensa del continente y una de las mejores del mundo, algo muy alentador. Las críticas suelen enfocarse en la falta de gol, pero muchos de nuestros jugadores ofensivos atraviesan momentos complicados por lesiones, poca continuidad o bajos registros en sus clubes. Por eso no podemos esperar que, de un día para otro, todo se transforme mágicamente. La selección todavía está creciendo.
Pienso que Ecuador ya demostró, en partidos recientes ante selecciones importantes, que puede jugar de igual a igual frente a muchos equipos del mundo. Claro, todavía hay potencias como Alemania o Francia que marcan diferencias, pero también tenemos las herramientas para hacerles grandes partidos y soñar en grande. Lo importante es mantener los pies sobre la tierra y seguir creciendo paso a paso.

—¿Qué mensaje le darías a la hinchada para este Mundial?
—Yo siempre trato de ser muy respetuoso con estos chicos que nos han dado tantas alegrías. A veces nos cuesta tener memoria, y en el fútbol pasa muchísimo. Cuando se gana, todo parece más sencillo; pero debemos entender que perder también forma parte del deporte. Ser campeón es extraordinario, no lo común.
Por supuesto que todos queremos ganar, pero repetir frases como “debemos salir de la mediocridad” no alcanza para cambiar las cosas. Los verdaderos cambios requieren disciplina, trabajo y planificación a largo plazo.
Entonces, si nos va bien, celebremos con alegría. Y si nos va mal, también aprendamos a valorar esos momentos compartidos. Recordemos dónde vimos el partido, con quién estuvimos, qué sentimos y qué emoción vivimos. Porque el fútbol también se queda en la memoria y, cuando vuelves a esos recuerdos, sonríes y deseas volver a sentirlos.
Estos chicos nos representan. Vienen de los mismos lugares que nosotros y nos han llenado de ilusión. Eso es lo que debemos tener siempre presente.