Consejos para iniciar la transición de forma segura y oportuna después de los primeros seis meses de vida.
Luego del periodo de lactancia materna exclusiva, inicia una nueva etapa que marcará el acercamiento del bebé a nuevos alimentos, texturas y sabores: la alimentación complementaria. Este es el proceso con el cual se introducen alimentos y líquidos distintos a la leche materna.
¿Por qué es importante?
A partir de los seis meses de vida, la leche materna deja de cubrir el 100 % de los requerimientos nutricionales del bebé, creando brechas tanto de energía como de vitaminas y hierro. De hecho, en el caso del hierro: más del 80 % se empieza a obtener de los alimentos. Alexandra Jaramillo Feijoo, MSc., PhDc., nutricionista dietista familiar y educadora en salud señala que “se sugiere iniciar con la alimentación complementaria a los seis meses. Sin embargo, esto dependerá de la familia, sus condiciones sociográficas, el acceso, la cultura y el estado nutricional del niño. Estos factores determinarán si debe iniciar a los seis meses o un poco antes”.
Beneficios de la alimentación complementaria
Esta etapa representa un proceso de aprendizaje mutuo entre la familia y el bebé. No solo aporta los nutrientes necesarios para su crecimiento y desarrollo, sino también fomenta hábitos y una relación positiva con los alimentos. El bebé aprende a expresarse y comunicarse con su entorno: qué le gusta, qué no y cómo responde ante los distintos sabores y texturas. La adaptación progresiva será clave en este proceso.

El rol de los padres y cuidadores
Con frecuencia, los padres y cuidadores se preocupan por la alimentación de sus hijos, lo que puede convertirse en una carga constante. Sin embargo, existe un enfoque conocido como “división de responsabilidad”, el cual puede ser de ayuda.
Si bien los adultos son responsables de lo que ofrecen al niño —desde la calidad y cantidad de los alimentos—, hay aspectos que no están bajo su control, como si el bebé come todo, si le gusta un alimento, si tiene hambre o no.
Desde esta perspectiva, la responsabilidad de los padres y cuidadores se centra en establecer horarios de comida y sueño, priorizar las necesidades básicas, ofrecer los alimentos en un entorno adecuado, mantener la higiene y observar las señales de hambre y saciedad.
Durante la alimentación complementaria, el rol del adulto es acompañar y brindar las herramientas necesarias para que el niño aprenda a alimentarse y desarrolle habilidades. Este espacio es clave para fortalecer la autonomía, la confianza y el aprendizaje, por lo que se requiere paciencia, atención y corrección adecuada. Brindar amor, escuchar y explicar, sin forzar ni maltratar durante la alimentación, es fundamental para su desarrollo y para construir una relación saludable con la comida.
Errores comunes al iniciar
- Ofrecer solo frutas, sin integrar otros grupos de alimentos.
- Brindar productos ultraprocesados sin valor nutricional, como jugos, azúcares o embutidos.
- Retrasar la introducción de alimentos potencialmente alergénicos como huevo, trigo, pescado, mariscos y cítricos.
- Licuar o cernir los alimentos por miedo al atragantamiento o al rechazo.
- No permitir que el bebé explore los alimentos con sus manos y forzar el uso de cubiertos.
- Dejarse influenciar por “modas alimentarias” que abundan en internet.
- Seguir consejos con información que no está actualizada.

Consejos clave para ofrecer los alimentos
- Observe las habilidades e intereses de su bebé frente a la comida: curiosidad, deseo de tocar los alimentos o posibles rechazos. Esto ayudará a elegir el enfoque de alimentación más adecuado.
- Ofrezca alimentos mixtos: texturas tipo puré, sin licuar ni cernir, combinadas con pequeños trozos cocidos; lo cual permite una adaptación progresiva.
- Inicie con alimentos suaves y avance gradualmente en la textura. Al comienzo, pueden estar más aplastados e incluso mezclados con leche materna. Hacia los 10 meses, podrá consumir sólidos suaves y pequeños.
- Evite limitar grupos de alimentos. El bebé debe consumir frutas, verduras, cereales, carnes y granos de forma progresiva. Consejo: la proteína puede incorporarse alrededor de los 10 meses o un poco antes.
- No condimente las comidas. Evite la sal y el azúcar: el sodio y los azúcares naturales presentes en los alimentos son suficientes.
Importante: todos los alimentos deben estar bien cocidos, higiénicamente presentados, limpios y desinfectados cuando sea necesario. Si no se lavan ni se mantiene una adecuada higiene, aumenta el riesgo de contaminación e infecciones en los bebés.
¿Qué alimentos evitar?
- Ultraprocesados como bebidas gaseosas, jugos, embutidos y enlatados.
- Sal y azúcar.
- Leche antes del primer año de vida. Algunos estudios respaldan el consumo de ciertos lácteos, como yogur o queso, entre los 10 y 12 meses.
- Alimentos fritos. Prefiera preparaciones al vapor, asadas o al horno para tener variedad de texturas.
Uno de los principales mitos alrededor de la alimentación complementaria es pensar que existe un alimento ideal al iniciar. Según la especialista Jaramillo, “no existe un alimento único con el cual empezar”. Por ello, se recomienda probar primero con alimentos neutros, como cereales o frutas no demasiado dulces, para facilitar la aceptación de otros grupos alimenticios.
Esta etapa no tiene por qué ser estresante ni una batalla diaria. Disfrute el proceso, deje de lado la preocupación por porciones y cantidades e infórmese antes de comenzar. Aproveche este momento como una oportunidad de conexión y aprendizaje con su pequeño.