jueves 21 de octubre de 2021

Un hábito para modificar

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Un hábito para modificar

Un hábito para modificar

Un hábito para modificar

Maritza Crespo y Diego Tapia F.

Psicólogos Clínicos

Muchas veces comparamos sin darnos cuenta y solemos poner a otros niños u otros hijos como ejemplo o modelo para ser ‘mejores’.

La paternidad es un reto permanente. A veces pensamos que sería bueno que los hijos vengan con un manual que nos permita sacar lo mejor de nosotros y equivocarnos menos. Acompañarlos en su camino de crecimiento es una tarea compleja, que requiere de constante reflexión, humildad y creatividad.

Las comparaciones entre hermanos o con otros niños es un hábito común de muchos padres. Lo hacemos buscando que sean mejores día a día. Pero, ¿es lo más acertado y lo mejor para ellos y ellas?

¿Somos conscientes de que comparamos?

Usualmente, aplicamos esta acción porque queremos que así cambien su comportamiento o estimular el aprendizaje de habilidades que creemos son importantes para su vida. Si bien nuestra intención es positiva, nuestros hijos pueden sentirlo como una imposición o como una manera de decir que sus padres quieren que sean de otra manera, que se conviertan en otras personas, en lugar de valorar quienes son, sus cualidades y su potencial.

Los efectos de este hábito en su desarrollo son notables:

Acrecienta la rivalidad fraterna

rivalidad

Las comparaciones de los padres ahondan las rivalidades entre hermanos y crean o profundizan brechas que puedan existir entre ellos.

Envidia o celos

envidia

Los hijos los sienten porque creen que los padres aman más a uno que a otro, porque uno se apega más al “ideal de hijo” que el padre tiene. Esto causa un dolor intenso que afecta en la relación y en la vida.

Disminución de la autoestima

autoestima

Los hijos a los que se los compara sienten que su forma de ser y actuar es mala, negativa y perjudicial, lo que interfiere en el desarrollo de su auto concepto y afectará la forma en la que se relacionan con los demás.

Ansiedad e infravaloración

ANSIEDAD E INFRAVALORACIÓN

La comparación puede generar que los hijos comiencen a medir sus logros y fortalezas a partir de los logros y resultados que los demás consiguen, sin tomar en cuenta su propio esfuerzo y sus cualidades, generando estrés y ansiedad constantes.

Apoyarlos sin compararlos

apoyarlos

Una forma positiva de apoyar a nuestros hijos y potenciar sus fortalezas es reforzar constantemente, con palabras generosas y acciones afectivas, las cosas que consideramos valiosas e importantes en ellos. Transmitiéndoles confianza, seguridad y aceptación en base a los actos que demuestren en su vida cotidiana.

Es necesario ser conscientes de que el modelo a seguir de nuestros hijos no son sus hermanos u otros niños o jóvenes -por más educados o buenos estudiantes que parezcan- sino nosotros mismos, como padres y madres. Nuestro ejemplo asertivo será determinante a lo largo de su vida, cuando se enfrenten a los retos del crecimiento en todos los ámbitos de su desarrollo.

Lo importante es conocer a nuestros hijos profundamente, de manera que podamos identificar sus cualidades y las cosas que hacen bien.  Valorar estas cualidades, cada vez que se dé la oportunidad y hacerlo explícitamente es una parte importante para que ellos puedan, a su vez, reconocerlas como positivas y producir un efecto de contagio entre sus pares.

Asimismo, hay que centrarse y poner el foco en los aspectos positivos más que en los negativos. Requiere que los padres también tengan una mirada oportuna de quienes son sus hijos, lo bueno que aportan a su vida y las herramientas con las que cuentan para superar los obstáculos. Reconocer con sinceridad sus fortalezas, en público y privado, ayudará a reforzarlas.

Observar y no dejar pasar las conductas positivas, que los padres desean consolidar, es importante. Indudablemente, los niños se comportarán de manera adecuada y es el momento de resaltarlo y fortalecerlo.  Que ellos sepan que es bueno lo que hacen o dicen porque surgió de ellos y no porque su hermano/a o alguien más lo dijo o hizo.

Que los hijos sepan que sus padres los aceptan, respetan y aman como son, por las personas que son y que, aunque haya cosas que mejorar, esto no limita el amor y respeto que sienten. Decirlo con palabras, pero sobre todo con actos de amor paterno y materno, es algo que no se debe dejar de hacer. Decirles que valoramos su autenticidad.

Siga con más en "Ser madre sin ‘quemarse’"

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