La resiliencia frente a la enfermedad

La resiliencia frente a la enfermedad

La resiliencia frente a la enfermedad

Aprenda técnicas para sobrellevar la enfermedad cuando se la atraviesa y para acompañar a quienes la padecen.

El término resiliencia proviene de la física —una noción relacionada con la resistencia y flexibilidad de los materiales—. La psicología toma prestado este concepto y plantea que la resiliencia es la capacidad que tienen los seres humanos para sobreponerse a la adversidad, a la incertidumbre y al dolor emocional y físico. Es una manera de afrontar las situaciones complejas de la vida, que permite sobrevivir y alcanzar objetivos.

Su importancia en la vida

La resiliencia posibilita que las personas fortalezcan sus recursos emocionales y psicológicos al afrontar crisis y, sin lugar a dudas, una enfermedad, sobre todo si esta es grave o prolongada. La enfermedad constituye una situación crítica que requiere cuidados, actitudes y comportamientos que permitan, tanto a quien la padece como a su entorno, afrontar el proceso con creatividad, utilizando las herramientas disponibles para generar transformaciones que faciliten un contexto de bienestar. Mantener una actitud resiliente es fundamental para fortalecer la salud mental y física, ya que aporta una perspectiva más optimista al proceso de salud-enfermedad.  



¿Cómo actúan las personas resilientes?

Una persona resiliente asume que vivir implica reconocer que la vida —y nuestra fragilidad humana— conlleva un grado de dificultad (particular para cada individuo), según los contextos específicos en los que se desarrolla.

Asimismo, acepta que existen situaciones que no están bajo su control, y la enfermedad es una de ellas. Estas circunstancias son asumidas como hechos y no como castigos o simples expresiones de “mala suerte”. Al comprenderlas de este modo, las adversidades se transforman en espacios de aprendizaje, adquisición de experiencias y oportunidades para poner en práctica habilidades, recursos y herramientas adquiridas con el tiempo.

Además, la persona resiliente utiliza este recurso como una herramienta para la toma de decisiones desde una perspectiva activa, es decir, como protagonista de su propia vida y no como un mero observador o víctima de las circunstancias que le toca vivir.


Fortalezca la resiliencia en la enfermedad

  1. Reconocer que no siempre se tiene el control. La enfermedad no es algo que se busca ni que se puede prever. Frente a ello, el ser humano tiene un control limitado. Lo que sí puede hacer es seguir un tratamiento o poner en práctica los lineamientos indicados por un médico. Una persona resiliente aprende a regular sus emociones, expresarlas de forma asertiva, manejar la incertidumbre y afrontar la situación con creatividad.
  2. Tomar decisiones positivas y proactivas. Esto implica estar atento a las circunstancias, informarse sobre la situación, los posibles caminos a seguir y lo que se requiere de uno mismo y del entorno. No se trata de ignorar la enfermedad o el dolor, sino de hacerse cargo del proceso y actuar, reconociendo que todo requiere tiempo, desarrollo y paciencia.
  3. Practicar la flexibilidad y la apertura al cambio. Adaptarse a las nuevas necesidades que una enfermedad implica permite generar mejores escenarios para quien la padece. Es abrirse a nuevas formas de actuar y al aprendizaje que la situación ofrece.
  4. Propiciar conexiones con los demás. Vincularse con el entorno cercano y con personas que atraviesan o han atravesado situaciones similares permite ampliar perspectivas, abrir posibilidades y fortalecer la alegría. La conexión es una fuente de bienestar.
  5. Mantener la esperanza y el buen humor. El pasado no se puede cambiar, pero el presente puede ser atravesado con mayor consciencia y el futuro entendido como un espacio que aún está por construirse.  
  6. Acudir a profesionales. No solo en relación con la enfermedad que se atraviesa, sino también en el ámbito terapéutico. Un proceso de acompañamiento profesional contribuye a fortalecer los recursos internos y a reconocer que, en ciertos momentos, no es posible enfrentar la situación solo/a.
  7. Realizar reflexión constante. Afrontar una enfermedad no es sencillo; requiere apoyo y comprensión, tanto del entorno como de quien vive el proceso.


Ejercicio práctico

Para reflexionar y fortalecer la resiliencia, responda a las siguientes preguntas. Cada una tiene un objetivo dentro del ejercicio práctico.

  • ¿Qué me está sucediendo? 

Permite identificar si tiene en claro la enfermedad que atraviesa o si necesita mayor información.

  • ¿Qué implicaciones tiene la enfermedad para la propia vida?

Ayuda a comprender qué cambios es necesario realizar, qué acciones se requieren y qué apoyo se necesita de los demás.

  • ¿Qué efectos físicos estoy atravesando?

Contribuye a reconocer los síntomas, más allá del dolor, para poder hacerlos conscientes.

  • ¿Qué efectos psicoafectivos estoy atravesando?

Brinda la oportunidad de comprender el impacto en la salud mental y en el estado de ánimo.

  • ¿Con quién cuento?

Sirve para identificar a las personas del entorno cercano (familia y amigos) y del entorno mediato (médicos y otros profesionales) que conforman o pueden conformar una red de apoyo.

  • ¿Qué estoy aprendiendo de esta situación?

Permite aprovechar los aprendizajes y transformar la experiencia en una oportunidad de mejora en la calidad de vida.

Facilita valorar las propias acciones y reacciones, así como las de otros, generando nuevos aprendizajes.

  • ¿Qué es distinto ahora, frente al inicio de mi enfermedad?

Ayuda a reconocer tanto los aspectos positivos como los desafíos del camino recorrido.

  • ¿Qué razones tengo para vivir?

Invita a fortalecer la mirada en los recursos, las posibilidades y los aspectos positivos que dan sentido a la vida.

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Maritza Crespo, M.A. y Diego Tapia Figueroa, Ph.D.

Psicólogos Clínicos
098 706 2628

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