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Las mujeres imprimen su huella en cada conversación y relación. Su esencia les permite compartir su alegría con otros.

Por: Diego Tapia F y Maritza Crespo – Psicólogos Clínicos – iryse.org

En el mundo contemporáneo se destaca la importancia y la necesidad que tiene un discurso, y una práctica, que priorice el reconocimiento del papel fundamental de las mujeres como eje de la sociedad en todos sus ámbitos: familiar, laboral y social. Una mirada, desde la valoración positiva, promueve una nueva manera de ser en las relaciones que se entablan en la vida cotidiana.

Las acciones y posiciones que tomemos en cada uno de estos vínculos son primordiales si lo que se busca es mantener relaciones sostenidas en el afecto, respeto, bienestar y reconocimiento del otro.

Con ética relacional hay empoderamiento: el que más da es el que más gana. Sin renunciar a la justa reciprocidad

Crecimiento personal

Revista Maxi - Empoderamiento Positivo

Las relaciones positivas son aquellas que promueven el crecimiento personal y la conformación de un proyecto de vida en conjunto. Este puede cambiar en el tiempo, pero tendrá algunas constantes: la valoración de la diferencia y el reconocimiento de la voz propia. Ser mujer en el 2020 no solamente implica verse como una parte activa en el ámbito de la familia, sino que representa el reto de mantenerse auténtica y optimista aunque algunos de los contextos en los que se desarrollan puedan ser tóxicos.

Una mujer contemporánea se ve abocada a múltiples tareas y demandas en una sociedad que reconoce que su papel ya no es pasivo. Sin embargo, todavía no valora profundamente los aportes que hace en todos los ámbitos: el privado (familiar), laboral, comunitario y social. A pesar de esto, la mujer está llamada a ‘competir’ más que a colaborar en algunos contextos.

El género femenino afronta prejuicios que todavía están presentes. Una líder, empresaria y emprendedora debe enfrentarse a los contextos complejos del ámbito laboral y también a los propios pre conceptos culturales. Estos pueden ir desde un desconocimiento de su valores y formación profesional y académica (“las mujeres solo están para encontrar marido”) hasta la concepción de que su estilo de liderazgo (“no va con ella”). Veamos algunos valores que las mujeres del siglo XXI ponen en juego en sus relaciones cotidianas:

Asertividad, comunicarse desde la generosidad

La asertividad es la capacidad de transmitir las ideas de una forma efectiva, sin ir en contra de los pensamientos y sentimientos de los demás. Es una de las cualidades más importantes de la mujer que se empodera en el mundo, busca soluciones y el bienestar colectivo. Poner en blanco y negro sus creencias y ser capaz de transmitirlas sin temor y con claridad es fundamental a la hora de conformar relaciones que den los resultados esperados. Imitar estilos agresivos, socialmente aceptados como únicos y necesarios hace décadas, pone en desventaja a las mujeres porque pierden autenticidad.

Una mujer debe ser libre, segura de sí misma y dispuesta a no perder la ternura ni la capacidad de alegría y sorpresa

Sensibilidad y conexión

Una buena herramienta femenina es la sensibilidad y la conexión respetuosa que las mujeres ponen en juego en sus relaciones. A lo largo de la historia, esta capacidad ha sido reconocida y promovida en todos los espacios, sobre todo en el ámbito privado. No obstante, en el mundo de hoy, la sensibilidad para mirar al otro más allá de la imagen que quiere (o puede) proyectar es una de las herramientas que el empoderamiento pone en juego constantemente.

Ser capaces de entender al otro, de reconocer su situación y de tomar decisiones reflexionando en función de lo que es mejor para todos son algunas de las fortalezas y los recursos más valorados en este género.

Autenticidad y alegría

Toda mujer es un cúmulo de experiencias y de historias. Se construye de la lucha y de la persistencia de otras que estuvieron antes, pero también de sus propios logros y superación. El manifestarse tal y como es, sin pretender imitar o adoptar estilos porque tuvieron más o menos éxito, es otro de los recursos que se valora y se reconoce en ellas.

Ser mujer supone dejar su marca en cada relación y proyecto, aportar con vitalidad, sinceridad, optimismo y alegría en los espacios y contextos en los que se relaciona. Finalmente, tiene que reconocerse valiosa, positiva y recursiva; vivir la vida en libertad y promover la libertad de quienes se vinculan con ella, generando procesos trascendentes y transformadores.

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