lunes 24 de junio de 2024

Desmitificando la salud mental masculina

Desmitificando la salud mental masculina

Desmitificando la salud mental masculina

Un aspecto que se suele discutir poco, pero es de suma importancia para el bienestar integral del hombre.

En la anterior entrega hablamos de lo que implica estar saludable y cómo la salud física no es suficiente para decir que estamos sanos. La salud mental, y más en estos tiempos postpandemia, ha cobrado relevancia y esto se refleja en el cada vez mayor interés que el tema concita.

En el contexto ecuatoriano, el recurrir a terapeutas y profesionales de la salud mental también está cobrando relevancia. Ya no es tan difícil escuchar que alguna amiga o persona conocida va al psicólogo o que hace terapia. Sin embargo, este requerimiento todavía sigue siendo más explícito en mujeres que en hombres.  ¿Se debe esto a que los hombres sufren menos?, ¿a que ellos tienen una salud mental mejor?, ¿a que los hombres encuentran otras formas de resolver sus problemas?, ¿tienen más temores?

En esta ocasión hablaremos sobre la salud mental en los varones y cómo no siempre se visibilizan las problemáticas concretas que ellos sufren a lo largo de su ciclo vital.



Salud mental: ¿hay diferencias de género?

Partamos del hecho de que el dolor, sufrimiento y malestar no son patrimonio de un género. Las mujeres y los hombres tienen padecimientos que surgen, mayoritariamente, de los contextos relacionales familiares, laborales, amorosos y, en algunos casos, de problemas relacionados con el funcionamiento corporal (sobre todo del cerebro). 

Lo que sí es diferente, y se evidencia en la consulta terapéutica de los profesionales en todo el mundo, es que es más fácil, o más común, que sean las mujeres las que pidan ayuda, las que van a terapia y, por ende, pueden aceptar y admitir que tienen unas angustias que requieren un apoyo psicoterapéutico para enfrentarlas y superarlas.

En el Ecuador, según cifras del Ministerio de Salud Pública, en el 2023 el 70% de personas que acudieron a consulta psicológica fueron mujeres. Este dato no difiere demasiado del de otros contextos, aunque, en países en donde la cultura de la salud mental es parte de la cotidianidad y ya no es un tabú “ir al psicólogo”, esta brecha es menor.

También existen diferencias en los tipos de padecimientos o trastornos entre hombres y mujeres. Un estudio de la Organización Panamericana de la Salud del 2018 ubica que, en concreto, las mujeres ecuatorianas sufren, sobre todo, de trastornos por depresión y ansiedad. Los hombres, en cambio, presentan trastornos como resultado del consumo de alcohol, autolesiones y suicidio, mayoritariamente. Hay mayor represión emocional.



La cultura patriarcal: los hombres no pueden ser débiles

Estamos cercanos al primer cuarto del siglo XXI y todavía prevalecen ideas en nuestra cultura que tienen un impacto en lo que, a la salud mental, sobre todo de los hombres, se refiere. Esto se evidencia en lo poco que se discute, en foros,  espacios académicos y profesionales, pero también en la sociedad y en las familias, sobre la salud mental de los hombres y cómo las construcciones tradicionales sobre masculinidad, las ideas que todavía prevalecen sobre cómo ser hombre, son un impedimento para el reconocimiento y afrontamiento de las dificultades emocionales que ellos viven.

Es común escuchar que, tanto hombres como mujeres, afirman que la fortaleza de cuerpo y mente, la resiliencia, la discreción, la valentía y la persistencia son cualidades deseables en los hombres, frente a otras, más vinculadas con la debilidad, delicadeza o emotividad, que son “propias” o más deseables en las mujeres.

Es posible que estas ideas estén en la raíz de la poca demanda masculina de servicios de salud mental. Es decir, que la idea tradicional de masculinidad lleva al hombre a pedir menos ayuda psicoemocional, a reprimirse más y a tratar de resolver sus problemas buscando otro tipo de alternativas, como, por ejemplo, acudir al alcohol, al uso de drogas, infidelidades, etc.

En nuestra consulta terapéutica, sin ir más lejos, todavía son pocos los hombres que acuden solos, y por propia iniciativa (aunque van en aumento) y, cuando acuden en pareja, los temas más comunes que tratamos con ellos tienen que ver con el consumo de alcohol, la incapacidad para una comunicación fluida, manejo de la ira o el manejo del estrés que está trayendo consecuencias importantes en todos los aspectos de la vida.



Pedir ayuda: un reto difícil para los varones

Si bien no hay mucha diferencia en cómo se manifiesta el dolor psicoemocional entre hombres y mujeres, es interesante tener en cuenta algunos elementos que pueden aparecer y ser una pauta para tomar la decisión de pedir ayuda profesional:

  • Cambios notables, repentinos o no, del estado de ánimo.
  • Cambios en el apetito y en los niveles de energía.
  • Abuso de medicamentos, drogas y, principalmente, alcohol.
  • Toma de riesgos innecesarios.
  • Pérdida de interés en el trabajo o en las cosas que antes le gustaban.
  • Conductas violentas con los demás, controladoras, abusivas.

Como sociedad, promover la ruptura del estereotipo de masculinidad, que ubica al hombre como incapaz de ser vulnerable y lo obliga a callarse y afrontar el dolor, la tristeza o la ansiedad de la vida cotidiana solo, es importante para poder tomar acciones oportunas y evitar el recrudecimiento y recurrencia de problemas psicoemocionales y físicos que pueden poner en riesgo la salud física, emocional y relacional de los varones.

Apoyarlos para que puedan pedir ayuda, sin que eso signifique estar mal o ser menos que los demás, y proponer que hablar de su dolor (romper el silencio), sin temores ni prejuicios, es un signo de valentía y de inteligencia. Es el primer paso para ayudarlos en el mejoramiento de su salud mental. Fomentar que se comprenda y asuma que ir al psicólogo, poner palabras, es un recurso inteligente y útil para mejorar la calidad de vida.

Algunas maneras de apoyarlos a romper el silencio

Planteamos algunas ideas para apoyar a los hombres a romper el silencio y a manifestar su necesidad de ayuda y acompañamiento psicoemocional:

  • Comprender qué es ser hombre contemporáneo, cuestionando la idea tradicional de masculinidad. Se trata de reflexionar acerca de las desventajas e injusticias que ha traído la idea tradicional de ser hombre (fuerte, valiente, independiente, agresivo, protector, proveedor, invulnerable, insensible, etc.) y reconocer que el demostrar su vulnerabilidad y sus debilidades es signo de valentía y de humanidad. Buscar terapia es una manera inteligente de afrontar los problemas, de generar posibilidades nuevas y soluciones.
  • Reconocer que cada persona es distinta. Significa que dichos como: “todos los hombres/mujeres son iguales”, “a todos nos pasa”, “esto va a pasar”, “no le des importancia”, “deberías poder solo para eso eres hombre”, etc., no ayudan a tener una comprensión específica de lo que le sucede a cada persona. Hay una relación directa entre la salud mental y la vida y experiencias individuales de los hombres (y las mujeres) y las generalizaciones contribuyen a acrecentar los síntomas más que a resolverlos.
  • Reducir la estigmatización de los problemas psicoemocionales. Es decir, reconocer que todos estamos expuestos, y sobre todo en las circunstancias contemporáneas, a tener problemas y no saber cómo resolverlos. El dolor psicoafectivo no es patrimonio de las mujeres y el que los hombres lo experimenten no debería significar un motivo para segregarlos, señalarlos o excluirlos. Al contrario, que se muestren vulnerables, merece respeto.
  • Darle importancia a la situación y tomar acciones oportunas. Los problemas de salud mental, al contrario de disminuir, se acrecientan con el tiempo. Por ello es fundamental estar alertas y procurar ayuda apenas algún síntoma se hace evidente. No es conveniente minimizar cuando el dolor, la tristeza, la angustia, el estrés o la ansiedad se presentan y se tornan inmanejables. Reconocer esto a tiempo y generar acciones oportunas es necesario y hará que el abordaje y tratamiento sea menos largo y más eficiente, proactivo, sanador y liberador.
  • Fomentar la comunicación y normalizar la necesidad de ayuda. Promover la necesidad que todos tenemos, hombres y mujeres, de expresar nuestros sentimientos, temores, dolores y angustias, de una manera franca y en espacios de confianza (como el familiar, de pareja, de amistad o profesional), es básico para vivir una salud mental adecuada. Dejar la estigmatización sobre pedir ayuda psicológica y normalizar el acudir a terapia habla de una persona, familia y sociedad que está consciente de que la vida psicoafectiva saludable es responsabilidad y derecho de todas y todos. Que es una manera de autocuidado responsable, capaz de generar bienestar en las relaciones, para disfrutar y dejar disfrutar, eligiendo conectarse con las propias vulnerabilidades y las de los otros, con respeto, confianza, comprensión, sensibilidad y afecto sinceros.
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Maritza Crespo, M.A. y Diego Tapia Figueroa, Ph.D.

Psicólogos Clínicos
098 706 2628

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