De niño en el campo a productor destacado

De niño en el campo a productor destacado

De niño en el campo a productor destacado

Conoce la historia de Rodolfo Vázquez, agricultor manabita, y parte de la red de Productores de Valor, quien transformó su vida al apostar por un cultivo poco común en su entorno: la berenjena.

Cuando la mayoría aún duerme en Portoviejo, Manabí, Rodolfo Vázquez ya está en pie a las cuatro o cinco de la mañana, dependiendo del día y del horario de entrega. A esa hora comienza una rutina que ha repetido durante años, pero que hoy tiene un propósito distinto: cumplir estándares más exigentes y llegar puntual a un mercado que valora su esfuerzo.

A sus 51 años, Rodolfo acumula cerca de tres décadas trabajando la tierra. Aprendió desde niño, viendo a sus padres cultivar productos como tomate y cilantro. Desde entonces, el campo no ha sido solo su oficio, sino su forma de vida. “En la agricultura, toda la vida”, resume.

Hace cuatro años tomó una decisión que marcaría un antes y un después: apostar por la berenjena, un cultivo poco común en la costa ecuatoriana y que le permitió entrar al programa Productores de Valor de Corporación Favorita.

El riesgo de sembrar lo que pocos consumen

La decisión no fue evidente. En su entorno, la berenjena no forma parte de la dieta. “Aquí en la costa poco se prepara”, reconoce. Pero una oportunidad cambió su perspectiva. Un ingeniero llegó a su zona y le propuso producir para un mercado distinto, donde sí existía demanda: la sierra. 

Aceptar significaba arriesgarse. Implicaba adaptarse, mejorar procesos y confiar en un mercado lejano. Aun así, decidió intentarlo. Hoy, esa decisión conecta su trabajo con hogares en distintas ciudades del país. “Se siente bien saber que mi berenjena llega a tantos hogares”, dice.

Aunque en su zona no es común consumirla, en su hogar sí forma parte de la mesa. Su esposa la prepara apanada, la añade en secos de carne e incluso hace dulce.






El motor detrás de la producción

Nada de esto sería posible sin el apoyo de su familia. Su esposa y sus tres hijos participan en cada etapa del proceso. Desde la cosecha hasta el empaque, todos aportan.

Los días de entrega son intensos. La jornada empieza temprano: seleccionar el producto, limpiarlo, empacarlo y cargarlo en la camioneta. Luego viene el trayecto, que puede tomar dos horas hasta la bodega. Cada semana reciben una planificación que deben cumplir con precisión. “Hay que ser puntual y quedar bien”, explica Rodolfo.

En una ocasión reciente, la llanta de su vehículo se desinfló en el camino. Avisó con anticipación, pero aun así llegó con retraso. Fue un incidente menor, pero refleja el nivel de compromiso con el que asume su trabajo.

Aprender a producir con calidad

Antes de este cambio, Rodolfo vendía en el mercado local, donde los productos circulan hacia distintas ciudades. Sin embargo, las exigencias eran distintas.

Hoy, cada berenjena debe cumplir estándares específicos: sin daños, limpia y bien presentada. “Hay que llevar el producto de buena calidad, bien lavadito, bien empacado”, señala. 

Los desafíos invisibles del campo

Detrás de cada cosecha hay retos constantes. Las condiciones climáticas y las plagas afectan directamente la producción. En verano, por ejemplo, una plaga conocida como “la negrita” ataca las plantas. En invierno, el problema son los hongos. 

Aun así, mantiene una producción de 1.200 kilogramos. Siembra varias veces al año en un terreno de tres hectáreas. Explica que, desde el trasplante, la berenjena tarda entre 75 y 90 días en estar lista, lo que exige planificación y paciencia.

Convertirse en un Productor de Valor

El punto de inflexión en su historia ha sido su vinculación con la red de Productores de Valor. Esta iniciativa transformó su manera de trabajar. “Gracias a este programa, he aprendido a ser más puntual, a cuidar detalles”, afirma.

Rodolfo no se detiene. Su meta es aumentar la producción y retomar cultivos como el pepino y el pimiento. Pero su historia va más allá de los números. Es la de un hombre que creció en el campo y que decidió arriesgarse para cambiar su destino.

En cada entrega, Rodolfo no solo cumple con un pedido. También demuestra que el campo, cuando encuentra oportunidades, puede convertirse en un motor de crecimiento.

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