sábado 7 de noviembre de 2026

Skincare coreano: más allá de la tendencia

Skincare coreano: más allá de la tendencia

Skincare coreano: más allá de la tendencia

Los productos de k-beauty se han apoderado del mercado, pero detrás de la tendencia y el consumo masivo, es necesario comprender si realmente se adaptan a nuestra piel. Te contamos todo lo que debes saber antes de sumarte a la rutina coreana.

El auge del skincare coreano trasciende fronteras. Personas de todo el mundo buscan en los productos de cuidado de la piel una respuesta a sus necesidades, impulsadas por la creciente popularidad de la cultura coreana. Las reseñas y recomendaciones que circulan en redes sociales, junto con el auge de los k-dramas (series de televisión y streaming), el k-beauty (cosméticos) y el k-pop (pop coreano), han contribuido a despertar el interés por estos productos. A esto se suma la viralización de rutinas, recomendaciones y tutoriales compartidos por creadores de contenido en plataformas como TikTok e Instagram.

Su sello distintivo ha sido la rutina de varios pasos —limpieza, tonificación, esencias, sueros, hidratación y protección solar— construida bajo una filosofía de prevención. Sin embargo, ¿esta rutina y sus productos son beneficiosos para los ecuatorianos? Para resolver estas dudas, el dermatólogo Jorge Bonifaz, especialista en dermato-oncología y cirugía dermatológica, explica qué debemos considerar al hablar de skincare coreano.




La influencia de las redes sociales

El skincare coreano ha tenido una masificación por el fenómeno viral de las redes sociales. En cualquier plataforma, al buscar información del tema abunda la cantidad de contenido —falso y confiable—, haciendo que se hable cada vez más sobre este, pero sin el cuidado necesario. “En redes, existe mucho desconocimiento sobre qué contienen los productos cosmecéuticos —fusión entre la cosmética y la farmacéutica—, no solo con el skincare coreano sino también con productos europeos y de otras partes del mundo”, asegura el Dr. Bonifaz. Es fundamental comprender que los productos tendencia, no necesariamente brindarán los resultados esperados. 

Por ello, “es necesario individualizar las experiencias”, dice. En redes todo es masivo, pero en la vida real es necesario identificar el tipo de piel, reconocer si existe una patología —como rosácea, acné, etc.—, y dar el seguimiento oportuno. “Ningún producto ni rutina de skincare, así sea coreana, va a ser adecuada para todo tipo de piel. En redes pueden mostrarnos muchas tendencias, pero son los dermatólogos quienes deben ayudarnos a entender lo que realmente necesita nuestra piel”, explica el Dr. Bonifaz. 

El lado positivo del k-beauty 

Hay que reconocer que el k-beauty también tiene aspectos positivos, señala el Dr. Bonifaz. Uno de ellos es su experiencia sensorial: “la industria coreana se ha especializado en crear productos que son bastante agradables al tacto”. Sus fórmulas suelen dejar una sensación ligera y aterciopelada, sin una apariencia grasa, y ofrecen texturas fluidas y agradables. A esto se suma su énfasis en la hidratación: “se centran muchísimo en la hidratación”, un aspecto clave porque “una piel sana siempre va a tener una barrera cutánea íntegra y bien hidratada”, explica el especialista.

Pero quizás su mayor aporte ha sido cultural: “le ha dado a las personas esta curiosidad por cuidar su piel. Antes no nos fijábamos en ella y ahora nos fijamos mucho más”, asegura el Dr. Bonifaz.

Cada piel es diferente 

Frente a la duda de si el skincare coreano funciona de la misma manera en la piel ecuatoriana, el Dr. Bonifaz es claro: “no del todo”. La clave, explica, está en un concepto médico llamado exposoma, que se refiere a las condiciones a las que nuestra piel está expuesta diariamente. “Un exposoma coreano no va a ser igual a un exposoma ecuatoriano”, señala. De hecho, estas condiciones tampoco son las mismas dentro de Ecuador: varían entre la Sierra, la Costa y la Amazonía, e influyen en la respuesta de la piel a los productos. 

El tipo de piel también varía según la genética de cada población. Según el especialista, nuestros genes expresan características diferentes a las de las poblaciones asiáticas, por lo que “es casi imposible que el skincare coreano sea 100 % compatible con nuestras pieles”. Esto no significa que sus productos no puedan beneficiarnos, sino que no todos tendrán el mismo efecto y, en algunos casos, incluso podrían provocar efectos adversos.



Entre la moda y la ciencia 

Uno de los mitos más comunes es pensar que el k-beauty utiliza ingredientes exclusivos. Sin embargo, el Dr. Bonifaz aclara que esto no es del todo cierto: “algunos principios activos, como el ácido hialurónico o la niacinamida, no son exclusivos del skincare coreano; también están presentes en otros productos, incluso de fabricación nacional”. La niacinamida, por ejemplo, se utiliza desde hace décadas; lo que ha cambiado es su popularidad y la forma en que se ha viralizado.

Esto no significa que el k-beauty no tenga ingredientes característicos. La centella asiática, el té verde, el regaliz y la baba de caracol son algunos de los que tienen una presencia importante en la cosmética coreana. Según el especialista, aunque existen estudios que consideran prometedores algunos de estos activos, todavía se necesita más evidencia. “Una cosa es la validación viral y otra cosa es la validación científica”, señala. Por eso, es esencial utilizar los productos con cautela y siempre de la mano de un profesional.

¿Es necesaria la rutina de 10 pasos? 

Para el Dr. Bonifaz, una rutina de cuidado facial debe centrarse en las necesidades básicas de la piel. Explica que la piel en realidad solo necesita cuatro pasos: «ser lavada, hidratada, protegida y tratada cuando lo necesita». El problema de la rutina coreana, señala, es que «entre tantos pasos, cualquier cosa la puede irritar y afectar», y se vuelve más difícil identificar qué producto causó la reacción. 

Incluso la hidratación, uno de los puntos fuertes del k-beauty, tiene un límite: «cuando empezamos a hidratar demasiado, podemos pasar de una piel sana a una piel patológica», advierte, ya que, en algunos casos, el exceso puede tapar los poros y generar acné cosmético. Aun así, aclara que: «la hidratación no se la sataniza, pero sí se la individualiza». Por lo que, antes de ir a comprar los productos para los 10 pasos, primero debes saber qué es lo que necesita tu piel. 

El k-beauty se puede combinar con otros productos

Sí, es posible combinar productos de skincare coreanos con marcas europeas dentro de una misma rutina. Según el Dr. Bonifaz: «sin importar la bandera, existen productos muy buenos, que no tienen por qué dejar de utilizarse, siempre y cuando, sea beneficioso para la persona y no se esté utilizando por viralidad, sino por necesidad». La condición es que cada producto cuente con las certificaciones necesarias y que sus principios activos estén realmente respaldados. Al final, la decisión no debería basarse en tendencias sino en evidencia: «los dermatólogos no estamos en contra del skincare coreano, el médico basa sus decisiones en evidencia y si algo no tiene la evidencia científica necesaria, no se lo va a recomendar».




¿Cuándo suspender la rutina? 

Existen señales claras de que la piel no está tolerando una rutina, explica el Dr. Bonifaz: «enrojecimiento, irritación, descamación y ardor» son los cuatro síntomas cardinales de alerta. Ante estos síntomas, su recomendación es tajante: «se debe suspender todo para iniciar con un proceso médico dermatológico». Ignorar la señal, advierte, tiene un riesgo mayor: «lo peor que puede ocurrir es que uno se autosensibilice para toda la vida», perdiendo la capacidad de tolerar prácticamente cualquier producto en el futuro.

De la teoría a la práctica

Para entender cómo el skincare coreano puede incorporarse de manera informada, conversamos con Nicole Delgado, quien ha utilizado estos productos durante años y trabajó en una tienda especializada en k-beauty. Su acercamiento comenzó por necesidad, tras un brote de acné provocado por estrés, que la llevó a investigar de manera constante. “Yo empecé a investigar. Decía: esta crema tiene esto, ¿a mi piel, que está así en este momento, me va a ayudar o no? Así, me empapé de mucha información”, explica. Con el tiempo, asegura que notó cambios visibles: “noté una textura más lisa, mis cicatrices de acné fueron disminuyendo y me ayudó a nivel de inflamación, enrojecimiento y con los poros”.

Su experiencia trabajando en una tienda especializada también le permitió observar las dos caras de este fenómeno. “Siempre vi el 50-50: personas que han utilizado estos productos y que les va muy bien, y otras que llegan sin nada de conocimiento, pidiendo todo lo que ven en el celular”, cuenta. Por eso, su recomendación va más allá de elegir un producto: “yo tuve que seguir un proceso, me asesoré, investigué y luego probé”. Seguir únicamente lo que se vuelve viral, advierte, “puede hacerte pedazos la piel”. Para Nicole, cualquier rutina debe adaptarse a la realidad de cada persona: su tipo de piel, estilo de vida y presupuesto, antes de replicar lo que funciona para alguien más.

El skincare coreano no es una fórmula mágica ni un enemigo a evitar: sus resultados dependen de cómo se use. Cada persona, cada tipo de piel, cada entorno responde a necesidades distintas. El secreto está en investigar, adaptar la rutina a la propia realidad y contar con acompañamiento profesional.

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