Los productos de k-beauty se han apoderado del mercado, pero detrás de la tendencia y el consumo masivo, es necesario comprender si realmente se adaptan a nuestra piel. Te contamos todo lo que debes saber antes de sumarte a la rutina coreana.
En la actualidad, el auge del skincare coreano trasciende fronteras. Personas de todo el mundo buscan en estos productos de cuidado de la piel la respuesta a sus necesidades, debido a las reseñas positivas que abundan en redes sociales tanto por la industria de los k-dramas (series de televisión y streaming), el k-beauty (cosméticos) y el k-pop (pop coreano), como por la viralización de rutinas y tutoriales de creadores de contenido en plataformas como TikTok e Instagram.
Aunque comenzó como una tendencia de nicho se ha convertido en un fenómeno con peso económico real. Según el Global Market Insights, en 2025 el mercado global de k-beauty se estimó en cerca de 11 mil millones de dólares, con proyecciones de casi duplicarse para 2035. Su sello distintivo ha sido la rutina de varios pasos —limpieza, tonificación, esencias, sueros, hidratación y protección solar— construida bajo una filosofía de prevención. Sin embargo, ¿realmente esta rutina y sus productos son beneficiosos para los ecuatorianos? Para responder esta y más inquietudes, el Dr. Jorge Bonifaz, médico dermatólogo con subespecialidad en dermato-oncología y cirugía dermatológica, explica qué debemos considerar al hablar de skincare coreano.

La influencia de las redes sociales
El skincare coreano ha tenido una masificación por el fenómeno viral de las redes sociales. En cualquier plataforma, al buscar información del tema abunda la cantidad de contenido —falso y confiable—, haciendo que se hable cada vez más sobre este, pero sin el cuidado necesario. “En redes, existe mucho desconocimiento sobre qué contienen los productos cosmecéuticos —fusión entre la cosmética y la farmacéutica—, no al hablar de skincare coreano sino también de productos europeos y de otras partes del mundo”, asegura el Dr. Bonifaz. Es fundamental comprender que los productos tendencia, no necesariamente brindarán los resultados esperados.
Por ello, “es necesario individualizar las experiencias”, dice. En redes todo es masivo, pero en la vida real es necesario identificar el tipo de piel, reconocer si existe una patología —como rosácea, acné, etc.—, y dar el seguimiento oportuno. “Ningún producto ni rutina de skincare, así sea coreana, va a ser adecuada para todo tipo de piel. En redes pueden mostrarnos muchas tendencias, pero son los dermatólogos quienes deben ayudarnos a entender lo que realmente necesita la piel”, explica el Dr. Jorge.
Puntos a favor del skincare coreano
Hay que reconocer que el k-beauty también tiene puntos a su favor, según el Dr. Bonifaz. Uno de ellos es la experiencia sensorial: «la industria coreana se ha especializado en tener productos que sensorialmente son bastante agradables», es decir, no dejan la piel grasa sino con una textura aterciopelada y poseen una consistencia fluida con acabados agradables al tacto. A esto se suma su énfasis en la hidratación —»se centran muchísimo en la hidratación»—, un aspecto clave, pues «una piel sana siempre va a tener una barrera cutánea íntegra y bien hidratada”, señala el Dr. Bonifaz. Pero quizás su mayor aporte ha sido cultural: «le ha dado a las personas esta curiosidad por cuidar su piel. Antes no nos fijábamos mucho en la piel y ahora nos fijamos mucho en ella», asegura el especialista.
El exposoma: por qué nuestra piel es diferente
Frente a la duda de si el skincare coreano funciona igual en la piel ecuatoriana, el Dr. Bonifaz es claro: no del todo. La clave, explica, está en un concepto médico llamado exposoma: «la cantidad de condiciones a las cuales nuestra piel se enfrenta en el día a día. Y un exposoma coreano no va a ser igual a un exposoma ecuatoriano». De hecho, ni siquiera es igual dentro del propio país, entre la Sierra, la Costa y la Amazonía. Estas características influyen en los resultados de un producto.
El tipo de piel también varía según la genética de cada población, señala el especialista, ya que nuestros genes expresan características distintas a las de la piel asiática. Por eso, el especialista asegura, «es casi imposible que el skincare coreano sea 100 % compatible con nuestras pieles». Esto no significa que no existan productos beneficiosos para nuestra piel, significa que no todos lo serán, y algunos, incluso, podrían generar efectos adversos.

Los ingredientes realmente son diferentes
Uno de los mitos más comunes es pensar que el k-beauty usa ingredientes exclusivos. Para el Dr. Bonifaz, no del todo: «algunos principios activos como el ácido hialurónico o la niacinamida no son exclusivos del skincarecoreano, están también presentes en otros productos, incluso hasta de fabricación nacional». Activos como la niacinamida existen desde los años 60 y 70; lo que cambió fue su viralización, no su origen.
Sin embargo, sí reconoce que existen otros ingredientes, como la centella asiática, el té verde, el regaliz, la mucina de la baba de caracol, que predominan en la cosmética coreana. «Hay una reciente publicación en la cual se indica que todos estos principios activos son prometedores, pero necesitan más estudios… Una cosa es la validación viral y otra cosa es la validación científica», asegura el Dr. Bonifaz. Por ello, es esencial utilizar los productos con cautela y siempre de la mano de un profesional.
¿La rutina de 10 pasos es necesaria?
Para el Dr. Bonifaz, la respuesta es clara: «hay una premisa en dermatología muy importante, que es entre menos, mejor». Explica que la piel en realidad solo necesita cuatro pasos: «ser lavada, ser hidratada, ser protegida y ser tratada cuando lo necesita». El problema de la rutina coreana, señala, es que «entre tantos pasos, cualquier cosa le puede irritar y caer mal a la piel», y se vuelve más difícil identificar qué producto causó la reacción.
Incluso la hidratación, uno de los puntos fuertes del k-beauty, tiene un límite: «cuando empezamos a hidratar demasiado, podemos pasar de una piel sana a una piel patológica», advierte, ya que, en algunos casos, el exceso puede tapar los poros y generar acné cosmético. Aun así, aclara que: «la hidratación no se la sataniza, pero sí se la individualiza». Por lo que, antes de ir a comprar los productos para los 10 pasos, primero debes saber qué es lo que necesita tu piel.
El k-beauty se puede combinar con otros productos
Sí, es posible combinar productos de skincare coreanos con marcas europeas dentro de una misma rutina. Según el Dr. Bonifaz: «sin importar la bandera, existen productos muy buenos, que no tienen por qué dejar de utilizarse, siempre y cuando, sea beneficioso para la persona y no se esté utilizando por viralidad, sino por necesidad». La condición es que cada producto cuente con las certificaciones necesarias y que sus principios activos estén realmente respaldados. Al final, la decisión no debería basarse en tendencias sino en evidencia: «los dermatólogos no estamos en contra del skincare coreano, el médico basa sus decisiones en evidencia y si algo no tiene la evidencia científica necesaria, no se lo va a recomendar».

¿Cuándo suspender la rutina?
Existen señales claras de que la piel no está tolerando una rutina, explica el Dr. Bonifaz: «enrojecimiento, irritación, descamación y ardor» son los cuatro síntomas cardinales de alerta. Ante estos síntomas, su recomendación es tajante: «se debe suspender todo para iniciar con un proceso médico dermatológico». Ignorar la señal, advierte, tiene un riesgo mayor: «lo peor que puede ocurrir es que uno se autosensibilice para toda la vida», perdiendo la capacidad de tolerar prácticamente cualquier producto en el futuro.
De la teoría a la práctica
Para entender cómo el skincare coreano puede incorporarse de manera informada, conversamos con Nicole Delgado, quien ha utilizado estos productos durante años y trabajó en una tienda especializada en k-beauty. Su acercamiento comenzó por necesidad, tras un brote de acné provocado por estrés, y la llevó a investigar de manera constante: “Yo empecé a investigar. Decía: esta crema tiene esto, ¿a mi piel, que está así en este momento, me va a ayudar o no? Así, me empapé de mucha información”. Con el tiempo, asegura que notó cambios visibles: “Noté una textura más lisa, mis cicatrices de acné fueron disminuyendo y me ayudó a nivel de inflamación, enrojecimiento y con los poros”.
Su experiencia trabajando en una tienda especializada también le permitió observar las dos caras de este fenómeno. “Siempre vi el 50-50: personas que han utilizado estos productos y que les va muy bien, y otras que llegan sin nada de conocimiento, pidiendo todo lo que ven en el celular”, cuenta. Por eso, su recomendación va más allá de elegir un producto: “Yo tuve que seguir un proceso, me asesoré, investigué y luego probé”. Seguir únicamente lo que se vuelve viral, advierte, “puede hacerte pedazos la piel”. Para Nicole, cualquier rutina debe adaptarse a la realidad de cada persona: su tipo de piel, estilo de vida y presupuesto, antes de replicar lo que funciona para alguien más.
El skincare coreano no es una fórmula mágica ni un enemigo a evitar: sus resultados dependen de cómo se use. Cada persona, cada tipo de piel, cada entorno responde a necesidades distintas. El secreto está en investigar, adaptar la rutina a la propia realidad y contar con acompañamiento profesional.