Las fiestas, las reuniones, los gastos y la presión por “ser feliz” pueden aumentar la preocupación y bajar el ánimo. Si te sientes así, quizá estás atravesando el “síndrome de diciembre”. Aquí encontrarás cómo afrontarlo.
La época de Navidad y Año Nuevo, con sus compromisos y demandas, suele ser una temporada agotadora, llena de estímulos sensoriales (luces, sonidos, gente aglomerada en la calle y centros comerciales) que, en algunas ocasiones, pueden afectar a las personas. Algunos profesionales de la salud mental han denominado a esta sensación como el “síndrome de diciembre”.
Desde la perspectiva clínica, se trata del agotamiento mental, emocional, físico y, sobre todo, relacional por el que algunas personas atraviesan, debido a las presiones propias de esta época. Las demandas económicas, sociales y familiares imponen una agenda que, en muchas ocasiones, es difícil manejar. Todo esto ocurre en un contexto de cumplir con el “deber ser” que no considera las individualidades.
PRINCIPALES CAUSAS
Las causas del “síndrome de diciembre” son múltiples y suelen estar relacionadas con el entorno social y las relaciones personales. Quienes lo padecen señalan factores como la agenda saturada, la presión económica y la carga emocional de evaluar el año, comparar logros y fracasos o enfrentar ciclos que se cierran. A esto se suman los eventos y preparativos que reducen el tiempo para uno mismo y los seres queridos. Las ausencias, los duelos y las expectativas incumplidas también pueden intensificar la tristeza y el malestar.

¿CÓMO SE MANIFIESTA?
El “síndrome de diciembre” suele manifestarse de forma física y emocional, al igual que ocurre cuando las personas atraviesan momentos de estrés y ansiedad intensos. Entre sus principales manifestaciones en el cuerpo y la mente están:
- Enfermedades digestivas y aumento de malestares abdominales, como gastritis o reflujo.
- Presión alta a causa de la demanda social y económica, y el ajetreo que implican las reuniones, horas extendidas de trabajo, reuniones, etc.
- Insomnio, dolores de cabeza y tensión muscular.
- Irritabilidad, angustia, nostalgia, sensación de agobio o preocupación, ansiedad y falta de concentración.
¿CÓMO MANEJARLO?
Una de las preguntas más frecuentes es: ¿cómo puedo participar en todo lo que me demandan sin estrés y sin culpas? Sin duda, este es un desafío que no resulta fácil de afrontar.
Hay que partir del hecho de que no hay situaciones ideales. Sin embargo, sí hay algunas cosas que pueden hacerse para controlar el impacto que estas fechas generan en la salud integral:
- Sostener hábitos saludables en cuanto al ejercicio físico, alimentación y descanso, durante el año, prepara al organismo para las exigencias de esta temporada.
- Organizar la agenda de trabajo, reuniones y descanso, de manera que se pueda tener claro el horario. En tu planificación, es esencial incluir tiempo de ocio y de autocuidado.
- Aprender a decir “no” y priorizar las actividades significa reconocer y aceptar los propios límites, tomando el control de nuestra vida.
- Ser conscientes de que, aunque somos importantes para nuestro círculo, el mundo continúa aunque decidamos darnos una pausa y no aceptar algunas invitaciones.
- Reconocer que somos humanos y validar las emociones de estas fechas. Sentir tristeza, enojo o cansancio emocional es saludable, ya que nos demuestra que estamos vivos.
- Abrir el diálogo sobre las preocupaciones, miedos y frustraciones con personas confiables que sean un apoyo y puedan proponer alternativas para “atravesar” las fiestas.
- Contar con apoyo profesional psicológico y terapéutico para darle nuevos significados a las experiencias, a las sensaciones y a los sentimientos de estas fechas.
- Asistir al médico, realizarse controles y monitorear el estado físico, durante todo el año, permite tener información relevante de cómo está nuestro cuerpo.
En este mes de encuentros, afectos, pérdidas, tristezas y celebraciones el desafío es aprender a disfrutar manteniéndonos auténticos mientras dejamos disfrutar a los demás.