El ingreso de los niños a la escuela implica decisiones que los padres deben tomar y que marcarán, de muchas maneras, a sus hijos.

Por: Maritza Crespo y Diego Tapia F.
Psicólogos Clínicos / iryse.org

Se inicia un nuevo ciclo escolar (región Sierra y Amazonía) con la coyuntura de la pandemia y en el que los niños y niñas deberán estudiar desde sus hogares para evitar contagios y proteger su salud y la de su familia. Independientemente de las características de este inicio de clases, una de las preguntas más frecuentes que las madres y padres se hacen es: ¿cuán importante es, para los hijos e hijas, su presencia, acompañamiento y participación, en su proceso educativo?

Escuela/familia: relación de larga duración

Escuela/familia: relación de larga duración La correspondencia entre los padres y la institución educativa comienza con la búsqueda que los padres hacen del lugar en el que sus hijos estudiarán. Por ejemplo: conocer cuál es la formación de los docentes de la institución educativa, qué tipo de metodología usan, cómo es el trato con los niños y niñas y, en época de pandemia, cuán preparada está la escuela para asumir el reto de la educación virtual, mientras dure.  El plantel tiene la misión de enseñar, sin embargo, la educación es más que eso y requiere del involucramiento activo de los padres en un proceso colaborativo. Si bien las responsabilidades de la institución educativa y las de la familia son distintas, estas son complementarias.

Si ha tenido la experiencia de ser padre de niños en edad escolar, las responsabilidades que tiene la escuela son claras y evidentes. Se tratan, sobre todo, de instruir a los hijos; de transmitirles información y conocimientos actualizados, útiles y de fortalecer sus habilidades que les permitirá tener las herramientas para conocer más y optar, posteriormente, por una formación académica que los lleve a tener una profesión.

La escuela es responsable de dotar a los niños y niñas de entornos educativos saludables, en los que estén seguros y protegidos, que sean el escenario para relaciones positivas con sus pares y con adultos que los respeten, protejan y guíen, durante el tiempo que los acompañan. Hay que tener en cuenta que los entornos educativos no son las aulas solamente, también los espacios facilitados por la institución para desarrollar actividades académicas y lúdico-recreativas, que pueden ir desde plataformas virtuales de educación y herramientas audiovisuales, hasta cuando los niños retornen a las aulas de forma presencial.

La responsabilidad de los padres

La responsabilidad de los padresLos padres tienen, también, un rol en la educación formal de sus hijos, como en todos los procesos que implican su desarrollo. Así como en otros espacios de la vida de los niños, su presencia es importante y un interés genuino, sostenido en el respeto y en la valoración, es fundamental.

Son responsables de participar en las actividades que la escuela propone para su vinculación, asistir a los eventos festivos (virtuales o presenciales), acudir al llamado de los docentes y hacer escuchar su voz cuando haya dudas o detecten algún tipo de situación que pueda afectar a sus hijos e hijas.  El conocimiento que los padres tienen de ellos y ellas es determinante al momento de detectar o reconocer ciertos comportamientos o señales de que hay algo que los afecta en el espacio educativo y el interés y preocupación debe ser manifestado de inmediato a la institución para obtener respuestas y apoyo.

Que los padres conozcan a los docentes que se relacionan con sus hijos es importante y que haya un canal de comunicación abierto, con ellos y con las autoridades de la institución educativa, es una cuestión prioritaria. Construir una relación de respeto y confianza entre padres y docentes es beneficioso para los niños y jóvenes.

El involucramiento respetuoso de los padres en la escuela traerá consecuencias positivas en sus hijos e hijas. Mejorará los resultados de las evaluaciones académicas, la participación en clase y la asistencia de los niños y jóvenes. Además, potenciará y complementará el aprendizaje, promoverá la curiosidad, la alegría por compartir y por saber más de ellos.

Qué es positivo hacer y qué no hacer como padres en la escuela

Lo positivo de involucrarse:

Lo positivo de involucrarse

  1. Se construyen nuevas actividades y una diversificación de los espacios para el relacionamiento de los hijos con sus padres. Su presencia en los eventos especiales potencia la relación con ellos y genera valiosa cercanía. El reconocimiento positivo de los padres a los logros académicos, deportivos y sociales de sus hijos en la escuela es un catalizador de la autoestima y la autovaloración.
  2. El seguimiento que los padres hacen de la vida académica de sus hijos posibilita un mayor conocimiento de sus intereses, habilidades, aptitudes y capacidades. Esta es información valiosa para su presente y su futuro académico. Ahorrará dificultades y decepciones futuras. Además, demuestra a los niños y jóvenes el amor, respeto e interés que los padres sienten por ellos.
  3. El trabajo colaborativo entre escuela y familia potencia los conocimientos que los hijos reciben de la escuela y fortalece los valores que los padres transmiten en los contextos familiares. Genera ambientes protegidos y promueve el ejercicio responsable de los derechos de los niños y jóvenes. La colaboración permanente y el diálogo fluido entre las dos instancias construye un clima positivo para la transformación y el desarrollo de los niños y jóvenes.

Lo negativo de involucrarse:

Lo negativo de involucrarse

  1. El que los padres se involucren en la escuela no significa que invadan los espacios de sus hijos. No se trata de acaparar esos espacios o de perseguir a los hijos, sino de tener una participación respetuosa e inteligente, con interés y curiosidad, que permita a los hijos tener mayor libertad y a los docentes hacer su trabajo de manera adecuada.
  2. Los padres son padres, no maestros. Partimos del hecho de que si hemos confiado la educación de nuestros hijos a determinada institución educativa es porque creemos que lo harán bien, que saben cómo hacerlo y que son capaces de conseguir los objetivos que se han propuesto en beneficio de los estudiantes. Los docentes están preparados para impartir conocimientos e información adecuada a los hijos. Los padres tienen otros roles fundamentales en la vida de sus hijos que no pueden ser encargados a los maestros.
  3. Es importante hablar constantemente con los hijos. En muchos casos, una presencia frecuente es sentida como una invasión y genera inseguridad, malestar y vergüenza.  Por esto, los niños y jóvenes deben saber cuál es la razón del involucramiento de los padres en la escuela, qué es lo que motiva a que ellos se involucren y cuáles son los objetivos que tienen para hacerlo. Ocultar información a los hijos no es una buena política si lo que queremos es que tengan una vida plena en el espacio educativo y en el espacio familiar.

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