domingo 23 de junio de 2024

El desarrollo biológico y emocional de la sexualidad masculina

El desarrollo biológico y emocional de la sexualidad masculina

El desarrollo biológico y emocional de la sexualidad masculina

La sociedad y la cultura determinan cómo será vivida la sexualidad del hombre, por lo que es importante conocer su evolución. 

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Revista Maxi, en colaboración con Five, presenta esta sección especial de sexualidad responsable, que pretende educar y fomentar el bienestar, tanto de mujeres como de hombres, en relación a su sexualidad. Comparta estos contenidos elaborados por dos expertos en el tema y úselos como una guía para usted y su familia.

La sexualidad es un tema constitutivo de todo ser humano. Marca nuestra forma de relacionarnos con nosotros mismos, con los otros y con el entorno en el que nos desenvolvemos. Está presente en nuestra forma de hablar, en la toma de decisiones, en cómo vemos el mundo y cómo nos vemos a nosotros mismos.

En esta entrega, abordaremos las implicaciones y características que la sexualidad tiene en los varones, cuáles son los hitos fundamentales de su conformación y cómo comprendemos el proceso de desarrollo en los hombres desde que son niños hasta la etapa adulta.

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Los inicios

La psicología de la sexualidad plantea que hay pocas diferencias entre el desarrollo sexual de los y las infantes. Para los investigadores y teóricos de la sexualidad, es evidente que mucho de la vida sexual ya se manifiesta, de una u otra manera, en la época de la lactancia.

Al igual que en el caso de las bebés, los primeros años de vida del bebé varón están marcados por la relación con la madre o las personas que lo cuidan y protegen. Esta relación inicial marcará el desarrollo positivo del bebé, le abrirá las posibilidades de confianza y vínculo con los demás y le permitirá ir conociendo el mundo que lo rodea. La intimidad con la madre es fundamental en este primer período de la vida del niño y esta se manifiesta a través del tacto, el olfato, la vista y las palabras que van conformado la manera en que el niño se acercará al mundo de las relaciones y del amor y formará sus vínculos posteriores.

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En los años posteriores a la lactancia (de los cinco a los siete años), la exploración del mundo y de uno mismo es más evidente. La forma de conocer es, sin duda, el tocar y la forma de experimentar sensaciones empieza por las del propio cuerpo. En estudios realizados por universidades de Norteamérica se ha llegado a la conclusión de que la mayoría de niños entre seis y ocho años presentan comportamientos masturbatorios, cada vez con mayor frecuencia. Si bien esta conducta es normal, es en este momento de la vida del niño en el que los padres deben comenzar con la educación sobre la sexualidad, hablándoles de las partes del cuerpo que son privadas y, sobre todo, del pudor y la intimidad. 

La incorporación del pudor en la vida del niño marca un hito importante en su desarrollo psicosexual, ya que implica la conciencia del otro y la importancia del límite, el autocontrol y la auto protección.

Es importante, por ejemplo, que los niños y las niñas puedan tener su propia cama y que duerman solos. La prevención del abuso sexual parte del hecho de que el niño y la niña conocen los límites de los demás, incluidos los adultos de su entorno inmediato. Que sepan que nadie puede tocarlos de una manera que no sea casta (sin carga erótica) o dormir con ellos y que pueden contarlo y pedir ayuda en caso de que se sientan incómodos por algún acercamiento de cualquier otra persona que sientan como inapropiado.

A partir de esta edad, es común que los niños acudan a sus amigos para obtener información sobre el sexo y con el acceso a la tecnología, la Internet se convierte en la primera fuente de información sobre este tema. La apertura que tengan los padres en darle la información adecuada para la edad, no centrada necesariamente en la anatomía (aunque es importante) o el coito, sino sobre todo en el respeto, la conexión con el otro, que humaniza y la responsabilidad que implica el acercarse al propio cuerpo y al de la persona amada, es fundamental para garantizar que lo que los niños saben del tema es indicado, y, sobre todo, los prepara para una vida sexual saludable.

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Entre los ocho y los 12 años, en la etapa de la llamada preadolescencia, los niños comienzan a experimentar los primeros cambios físicos que formarán parte fundamental de su vida sexual futura. La curiosidad de los niños varones frente a la diferencia con las niñas suele no ser manifiesta explícitamente y los juegos todavía suelen estar marcados por la diferenciación y la preferencia por las personas del mismo sexo. Sin embargo, los diálogos con los otros niños varones suelen tener componentes vinculados con el sexo y la diferencia anatómica entre niños y niñas.

Los cambios físicos que inician alrededor de los 10 años (crecimiento del vello, por ejemplo) y fisiológicos, como el aumento de la testosterona (en los hombres) y estradiol (en las mujeres), determinan el inicio del desarrollo sexual adulto. Sin embargo, todavía en nuestras sociedades los niños y las niñas en este período etario están marcadamente divididos en sus actividades y relaciones, sobre todo en el espacio educativo.

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Sexualidad en la adolescencia

El final de la preadolescencia y el inicio de la adolescencia está marcado, en el hombre y la mujer, por la construcción de profundos vínculos con personas que están fuera de las relaciones familiares. Los amigos comienzan a formar parte fundamental de nuestra vida y, también, la posibilidad del acercamiento con las personas del otro sexo es más factible porque comienzan a conformarse grupos de diversión y de estudio mixtos.

Durante la adolescencia, cada vez es más común que los hombres (también las mujeres) comiencen a tener experiencias sexuales continuas. Esto, sin duda, se relaciona al nivel de hormonas que aumenta, pero también, a las demandas del grupo y los mensajes que se transmiten en una sociedad en la que el sexo también es objeto de consumo.

En esta etapa no basta con que el joven tenga la información sobre cómo cuidarse de infecciones de transmisión sexual (ITS) o la prevención del embarazo adolescente; es fundamental la construcción de relaciones de confianza, que permiten el diálogo continuo con los padres, relacionado con el respeto, cuidado y autocuidado que implica una vida sexual activa.

Cada vez más, el sexo deja de ser un tabú y pasa a ser parte de la cotidianidad y eso es positivo. Sin embargo, este hecho demanda de los padres fortalecer la capacidad de comunicación asertiva con los hijos e hijas, para que puedan acercarse al sexo de manera responsable, con autocuidado y un sentido de humanización recíproca. Hablar desde la perspectiva del respeto es fundamental. Todo acercamiento al otro genera un tipo de vínculo que debe ser reconocido, honrado y respetado. El consentimiento, por ejemplo, es un tema que debe estar presente cuando se habla de sexo con los hijos e hijas.  Ninguna relación sexual con otro debería ser impuesta por ninguna de las dos partes.

Ser adolescente en el mundo contemporáneo implica demandas vinculadas con la imagen, las expectativas que los demás (sus amigos, su familia, sus docentes, etc.) tienen sobre ellos, las pocas oportunidades reales que existen para su desarrollo personal y los mensajes que determinan que la vida está marcada por el tener en lugar de por el ser. En ese contexto, mucha de la información que tienen los jóvenes sobre el sexo y el coito lo toman de la pornografía a la que tienen fácil acceso, gracias a la tecnología. La investigación actual nos dice que la mayoría de niños y adolescentes buscan y reciben “educación sexual” de estas dos fuentes principales: el porno, en mayor porcentaje y, de sus pares, en menor porcentaje.

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La sexualidad en la adultez

La sociedad y la cultura determinan, en muchos aspectos, cómo será vivida la sexualidad del hombre adulto. Desde los 19 años en adelante, los hombres -culturalmente- experimentan la aprobación social para poder cambiar de pareja sexual sin muchas restricciones. En el caso de las mujeres, esto todavía está marcado por el prejuicio, la censura y una mirada de posesión sobre la mujer concomitante al machismo.

La adultez implica, en la mayoría de los casos, el establecimiento de una relación estable de pareja y también la posibilidad de mayor experimentación en cuanto al sexo y el uso de la creatividad en el coito. Las investigaciones sobre el tema afirman que, en términos generales, los hombres entre los 26 y los 45 años suelen tener más frecuentemente sexo con sus parejas durante la semana (entre 2 y 3 veces), mientras que a partir de los 46 este número disminuye.

Lo mismo que para las mujeres, la sexualidad saludable en los hombres adultos implica una vida sexual satisfactoria y la capacidad de establecer relaciones de intimidad con su pareja. El diálogo constante abre paso a las preguntas que pueden generar experiencias distintas, variadas, importantes que contribuyan a una sexualidad plena y sana.

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Ideas sobre la sexualidad masculina

Tanto hombres como mujeres experimentan su sexualidad de maneras diversas, sin embargo, la cultura y nuestra sociedad contemporánea marca, de muchas maneras, las ideas y conductas sobre el sexo. Específicamente en cuanto a sexualidad masculina se refiere, las expectativas suelen ser altas y eso marcará, también, la satisfacción y la salud sexual de los hombres.

Quizá una de las ideas que más determinan, desde una perspectiva psicológica, las conductas sexuales en los hombres es la disfunción eréctil. Es bastante común que esto les suceda a los hombres en alguna circunstancia o por un tiempo y suele estar relacionada con el cansancio, la presión social o laboral, la ansiedad y el estrés, si es que no tienen una causa biológica. En situaciones como estas, es fundamental tener presente que la actividad sexual con la pareja no se limita al a penetración y que la conexión relacional con la pareja, un contexto de aceptación y apertura mutuos, la creatividad, el salir de la rutina y hablar de lo que les preocupa puede ayudar a que se resuelva.

Otra situación común entre los hombres es la eyaculación precoz o retardada. Uno de cada tres hombres afirma sufrir de eyaculación precoz, mientras que de un 4% al 10% de los hombres tiene eyaculación retardada. Los prejuicios sociales llevan a que muchos de estos hombres nunca asistan a la consulta de un sexólogo o especialista y lo vivan en silencio y no alcancen una solución del problema. Un proceso terapéutico puede contribuir a que esta situación se resuelva y encontrar alternativas que puedan apoyar a la vivencia saludable de la sexualidad masculina.

Lo mismo que en caso de las mujeres, el hombre también puede experimentar diminución del apetito sexual, aunque sea común creer que “los hombres siempre tienen ganas”. La disminución de la libido (deseo sexual), puede tener que ver con preocupaciones, estado de ánimo o problemas de salud en general, además de luchas de poder dentro de la pareja, que la desgastan, producen resentimientos, alejamientos y enfrían el deseo. Puede ser una situación pasajera o mantenerse en el tiempo.  Acudir a un especialista puede ayudar a abordar adecuadamente este proceso.

Factores como la desinformación sobre la salud sexual o el miedo a contraer infecciones de transmisión sexual (ITS) pueden, también, influir en que la conducta sexual de los hombres. La manera eficiente y saludable de evitar problemas de salud es la utilización del preservativo, alrededor del cual también hay algunas ideas equivocadas que son muy conocidas, como que disminuye la sensibilidad y evita el placer. Actualmente la tecnología para la elaboración de condones ha posibilitado que haya gran variedad en el mercado lo que permite que los usuarios puedan probar y elegir el que mejor lo ayude a vivir el sexo de manera saludable.

Finalmente, el tamaño del miembro viril y la competencia entre hombres es otra de las ideas equivocadas que tiene un impacto en la sexualidad masculina. La verdad es que pocas mujeres pueden diferenciar el tamaño y que esta idea se trata, más bien, de una consecuencia del machismo y la concepción de que el hombre debe demostrar su potencia y masculinidad para ser valorado y respetado. 

Estas ideas, en general, llevan a muchos hombres a no acudir a especialistas (psicólogos o sexólogos) cuando sufren algún tipo de disfunción o trastorno en su sexualidad. El permanecer en silencio, evitar hablar del asunto, no tomarlo en cuenta o sentir vergüenza, puede tener como consecuencia y reforzamiento de estas situaciones y que, cualquier proceso de apoyo y resolución de estas situaciones, demore o no logre concretarse de manera exitosa. 

Consultar con especialistas puede ser la mejor manera de aprender a vivir la sexualidad de manera saludable.

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Perspectiva relacional para construir conjuntamente intimidad sexual

Construcción de la intimidad

La intimidad revela la naturaleza profunda, más íntima de alguien. Se expresa de las siguientes maneras:

1-. Conectarse con las experiencias del otro, comprenderlas y aceptarlas.

2-. Elegir escuchar atentamente y sobrellevar los diversos sentimientos del otro: ya sean “negativos”, dolorosos, o contradictorios y complejos; sin minimizarlos, negarlos o rechazarlos. 

3-. Elegir escuchar atentamente las alegrías y éxitos del otro/a, sin envidia, competencia, resentimiento o desvalorización.

4-. Aceptar que el otro/a se convierta en una persona libre, autónoma, con sus propios principios, valores, convicciones y estilo de vida, sin ser quejosos, manipuladores, celosos, parasitarios, opresivos. Sin pretender imponerle ni exigirle que obedezca o se someta a nuestro estilo de vida.

5-. Aprender a disfrutar -con autonomía e independencia- de la amistad y compañía de los demás, sin tener que controlarlos o manipularlos o crear codependencia.

6-. Aprender a estar cómodo con la propia sexualidad y la de los demás, incluyendo la capacidad de disfrutar el orgasmo y el placer sexual, e interesándose en dar y recibir placer, de manera gozosa.

7-. La decisión de no ser crueles o injustos con el otro/a. La capacidad de abstenerse de ser violentos, agredir, descalificar o ser negligente con las necesidades del otro. No hay intimidad sin compromiso con la relación, y requiere afecto, buen trato, constancia, continuidad, actualización permanente de las necesidades y la nueva responsabilidad que conlleva.

8-. La capacidad de estar abierto a aceptar los propios deseos, sentimientos y pensamientos.

9-. Evitar imponer de manera egoísta los propios deseos personales y buscar el trato con el otro/a en términos de interlocutores con los mismos derechos y responsabilidades.

10-. La capacidad de aceptar la propia vulnerabilidad y la de los demás, a partir de la confianza, el respeto y el buen trato, que generan bienestar compartido.

Lo relevante es desarrollar un proceso relacional con personas que sean importantes en nuestra vida, sin abusos, ni utilitarismo, manipulación ni explotación. Se trata de quitarse las máscaras para relacionarnos y comunicarnos con autenticidad, sin dejar de ser nosotros mismos. Se trata de ser con el otro y evolucionar juntos innovando la relación, actualizando deseos y necesidades, expresando directamente en el momento lo que se siente y se quiere de distinto, aportando para construir la relación que se desea disfrutar.

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Maritza Crespo Balderrama, M.A. y Diego Tapia Figueroa

Ph.D. Psicólogos Clínicos
098 706 2628

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