El sentido del gusto de tu pequeño debe estimularse de forma adecuada para que se adapte a nuevos sabores, texturas y colores. Existen juegos sensoriales que pueden ayudarte a lograrlo.
Desde el nacimiento, el sentido del gusto de tu bebé tiene una predisposición genética hacia los sabores dulces: como la leche materna, que posee un dulzor natural y un gran valor nutritivo. Este mecanismo es básico y completamente normal, ya que también le permite detectar sabores amargos y ácidos como una forma de protección.
Durante los primeros meses, el único alimento que debe consumir el bebé es la leche materna. Después, a partir de los seis meses inicia la alimentación complementaria, una etapa clave para el desarrollo del sentido del gusto y la exploración de nuevas experiencias sensoriales.

Hola a los nuevos alimentos
Como seres humanos, necesitamos consumir distintos tipos de alimentos para obtener los nutrientes necesarios. Sin embargo, esta adaptación puede representar un reto durante las primeras etapas de vida.
El bebé desarrolla de forma natural curiosidad, pero también rechazo hacia ciertos alimentos. Durante la alimentación complementaria es normal que no acepte algunos sabores o texturas al principio, aunque esto no significa que los rechazará para siempre. Con el tiempo y la exposición progresiva, podrá familiarizarse con alimentos que inicialmente no fueron de su agrado.
- De seis a siete meses: tu bebé mostrará mayor preferencia por los sabores dulces.
- De ocho a 10 meses: los sabores salados empezarán a despertar su interés.
- Hasta los 12 meses: es posible que los sabores ácidos o amargos no le resulten agradables al inicio, pero esto no significa que los rechazará a largo plazo.
- De 18 a 24 meses: comenzará a consolidar sus gustos alimenticios y, posteriormente, podría iniciar la etapa de neofobia alimentaria, caracterizada por el rechazo a probar alimentos nuevos o desconocidos.
Juegos gustativos y olfativos
Realizar ejercicios de estimulación del gusto y el olfato ayuda a crear conexiones neuronales que favorecen futuros aprendizajes. Para obtener mejores resultados, es importante repetir estas actividades con frecuencia, ya que así ampliarás el abanico de sabores y olores que tu bebé puede reconocer.
- Olores y palabras: para reforzar la estimulación olfativa, puedes hablar con tu hijo mientras acercas aromas suaves, como una hoja de menta, cerca de su nariz. Hazlo rápidamente unas tres veces y comenta sus expresiones de forma alegre y exagerada: “¿Te gusta este olor? huele muy bien”. También puedes olerlo tú y reaccionar con gestos expresivos para incentivar su curiosidad.
- Huele y sabe: este ejercicio fortalece la relación entre el olfato y el gusto. Consiste en permitir que el bebé huela los alimentos antes de probarlos mientras nombras cada uno. Plantea la actividad como un juego lleno de sonrisas e interacción para que el pequeño asocie la comida con una experiencia positiva. Además, puedes reforzar la experiencia mencionando los alimentos e ingredientes que utilizas mientras cocinas.
El sentido del gusto es esencial en los bebés, ya que es una de las principales formas en las que descubren el mundo. Por eso, es fundamental introducir nuevos alimentos de manera gradual, respetando sus tiempos y preferencias para que poco a poco desarrollen su paladar y se familiaricen con nuevos sabores.

Consejos para iniciar en la alimentación complementaria
Según la UNICEF, durante la alimentación complementaria del bebé es importante mantener una adecuada frecuencia de comidas a lo largo del día, incluyendo desayuno, merienda, almuerzo y cena, además de ofrecer alimentos de calidad que favorezcan su desarrollo físico e intelectual.
La cantidad de alimentos debe aumentar de forma progresiva, según el crecimiento y adaptación del bebé. Recuerda: la paciencia y el cariño son fundamentales para que la hora de comer se convierta en una experiencia positiva y segura.
- Inicia con texturas grumosas, semisólidas y trozos. Una vez que tu bebé se adapte a los purés, podrás incorporar opciones sólidas.
- Introduce poco a poco los cinco sabores base: salado, dulce, amargo, ácido y umami (algo intenso, agradable y “sabroso”).
- Varía las temperaturas —caliente, tibio y frío—, las texturas —blando, crujiente, espeso o cremoso— y los estímulos visuales, como colores y formas.
- Incorpora un alimento nuevo cada dos o tres días y prueba diferentes consistencias. Esto también te permitirá identificar posibles rechazos o alergias.
- No presiones a tu bebé. Si rechaza un alimento al inicio, no significa que será así siempre. Es normal que necesite probarlo varias veces antes de aceptarlo.
- Evita alimentos procesados o ultraprocesados como sopas en polvo, snacks, carnes enlatadas y conservas, ya que suelen contener altos niveles de azúcar, grasas, sodio y aditivos artificiales.
- Los bebés aprenden por imitación, por lo que dar el ejemplo es fundamental. Es probable que desarrollen preferencia por los alimentos que consume su familia.