miércoles 11 de febrero de 2026

Mitos y realidades sobre la alimentación infantil

Mitos y realidades sobre la alimentación infantil

Mitos y realidades sobre la alimentación infantil

Lo que creemos saber sobre cómo comen los niños no siempre coincide con lo que dice la evidencia científica. En un país donde la desnutrición crónica convive con el sobrepeso infantil, revisar estos mitos es clave para cuidar su presente y su futuro.

Durante generaciones, la alimentación infantil se ha construido a partir de creencias transmitidas de familia en familia. Muchas nacieron en contextos distintos al actual, cuando las enfermedades infecciosas eran la principal amenaza y el acceso a los alimentos era limitado. Hoy, el escenario ha cambiado: convivimos con alimentos ultraprocesados, dietas poco diversas y estilos de vida sedentarios, incluso en edades tempranas.

Hablar de nutrición infantil no es solo hablar de peso o cantidad de comida. Es hablar de calidad, diversidad, hábitos y relación emocional con los alimentos. Entender qué es mito y qué es verdad permite tomar mejores decisiones y prevenir problemas que pueden acompañar a los niños durante toda su vida.





Mito 1: “Un niño gordito es un niño sano”

Durante mucho tiempo, un niño robusto era sinónimo de bienestar. Significaba que comía bien y que estaba lejos de enfermedades o parásitos. Sin embargo, hoy sabemos que esa asociación ya no es válida.

La realidad: el sobrepeso en la infancia es uno de los principales predictores de enfermedades crónicas en la adultez, como diabetes tipo 2, hipertensión y problemas cardiovasculares. Un peso elevado no garantiza buena nutrición ni buen desarrollo.

La clave: no se trata de que los niños sean “flacos”, sino activos, bien alimentados y con una dieta variada. El peso por sí solo no cuenta toda la historia: importan la energía, el movimiento, la diversidad de alimentos y el crecimiento acorde a su edad.

Mito 2: “El jugo de fruta es igual de bueno que la fruta entera”

Es natural, viene de la fruta y parece una opción saludable. Pero no es lo mismo.

La realidad: al exprimir la fruta se elimina gran parte de la fibra, que es la que ayuda a regular la absorción del azúcar. Un vaso de jugo puede concentrar el azúcar de varias frutas en pocos sorbos, sin generar saciedad.

El consejo: es mucho mejor que el niño mastique una naranja a que beba el jugo de tres sin pulpa. La fruta entera aporta fibra, favorece la digestión y ayuda a regular el apetito.

Mito 3: “Si no le gusta hoy, no le gustará nunca”

Muchos alimentos se descartan demasiado pronto.

La realidad: un niño puede necesitar entre 10 y 15 exposiciones antes de aceptar un sabor nuevo. El rechazo inicial es parte del aprendizaje alimentario.

La clave: ofrecer verduras y alimentos nuevos sin presión, en distintas preparaciones y como parte habitual de la mesa familiar, aumenta las probabilidades de aceptación con el tiempo.

Mito 4: “Los niños necesitan ‘comida de niños’”

Nuggets, pastas blancas y comidas separadas del resto de la familia se han normalizado.

La realidad: los niños pueden —y deben— comer lo mismo que los adultos, ajustando porciones, texturas y condimentos. Exponerlos desde pequeños a una alimentación variada fortalece sus hábitos futuros.

Mito 5: “La grasa es mala para su corazón”

Durante años, las grasas fueron vistas como enemigas.

La realidad: las grasas saludables —como las del aguacate, el aceite de oliva, los frutos secos o el pescado— son fundamentales para el desarrollo del cerebro y del sistema nervioso en la infancia.

La clave: no eliminar las grasas, sino elegir las correctas.

Mito 6: “Si limpia el plato, es buena señal”

Terminar todo lo servido suele interpretarse como buena alimentación.

La realidad: obligar a un niño a terminar el plato ignora sus señales naturales de hambre y saciedad, y puede generar problemas de relación con la comida en el futuro.

El aprendizaje: escuchar al cuerpo también se enseña.

Mito 7: “Los suplementos vitamínicos son obligatorios”

A veces se cree que una gomita puede compensar una semana sin verduras.

La realidad: la mayoría de los niños obtiene los nutrientes que necesita con una dieta mínimamente variada. Salvo casos específicos —como vitamina D en ciertos contextos o vitamina B12 en dietas veganas—, los suplementos suelen ser innecesarios.

El consejo: siempre consulte con su pediatra antes de suplementar. 

Mito 8: “La leche de vaca es la única fuente de calcio”

La leche es importante, pero no es la única opción.

La realidad: existen otros alimentos ricos en calcio, como el brócoli, las legumbres, el tofu, las almendras y las semillas de sésamo. Si un niño no puede o no quiere consumir leche, hay alternativas nutricionalmente válidas.

Nunca use la comida como premio (“si te portas bien, hay helado”) ni como castigo (“si no comes, no hay tele”). Esto crea una relación emocional compleja con la comida que puede mantenerse hasta la adultez y dificultar una alimentación saludable.

Alimentar también es cuidar

Combatir la desnutrición crónica no significa solo llenar platos, sino llenarlos mejor. Informarse, cuestionar mitos y acompañar a los niños con paciencia y coherencia es una forma concreta de cuidar su desarrollo, su salud y su futuro.

Desde REDNI, promover una alimentación infantil adecuada es una apuesta por una niñez más sana y por una sociedad con más oportunidades desde el inicio de la vida.

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