miércoles 18 de febrero de 2026

La petite apnéiste

La petite apnéiste

La petite apnéiste

Una ecuatoriana que desciende a las profundidades del océano con determinación y perseverancia.

Al escuchar la historia de Ericka Carrera es normal sentir cómo la piel se eriza. Sus experiencias en el mar hacen que se sienta la brisa, las olas y el agua salada. La ecuatoriana de 35 años, nacida en Guayaquil, jamás imaginó que su vida tomaría rumbo hacia la apnea, una disciplina que implica contener la respiración de manera voluntaria y sin equipo mientras se sumerge en el agua. En este deporte, cuerpo y mente convergen.

Ericka es periodista de profesión, instructora y actual campeona de apnea de profundidad en Ecuador. Ha acumulado 13 récords nacionales, con una profundidad máxima de 65 metros en Peso Constante con Monoaleta. Su historia es profunda, al igual que los océanos que visita, y tan impactante como los logros que ha conseguido. En cada inmersión, desciende al fondo del mar llevando el aire en sus pulmones y confiando únicamente en su cuerpo, su mente y su fortaleza interior.

Baja California en México, octubre 2022. Ericka en un viaje de expedición. Fotografía: Gary Delgado.

—¿Cómo fue su primer acercamiento a la apnea?

—Mi papá es militar y cuando yo era niña solía estar en la base militar de Baltra, en Galápagos. Íbamos de vacaciones con mi familia a esa isla. Yo tenía tres años y ya conocía la base, la playa, el mar. Un día, mi papá quiso llevarme a un lugar que había conocido; se llamaba la fosa de los tiburones. Éramos tres hermanos y nos preguntó: “¿quién quiere venir a ver el tiburón?”. Yo respondí que quería ir, y eso que era la más pequeña. En el agua, recuerdo que mi papá me tomó en sus brazos, me puso la máscara y me dijo: “respira, inhala”. Tomé aire y me sumergí. Aguanté la respiración mientras él me miraba y hacía lo mismo. Vimos a los tiburones pasar junto a nosotros, una sensación indescriptible. En ese momento, algo despertó dentro de mí.

—¿Cuándo practicó esta disciplina por primera vez?

—Siempre me gustó mucho el agua. Viví en Australia ocho años, donde empecé a hacer más snorkel, pero aún no sabía lo que era la apnea. Cuando regresé a Ecuador conocí a quien hoy es mi esposo. Él practicaba apnea y me llevó a mi primera clase. Aunque ya tenía resistencia física, pensé que sería fácil, pero no lo fue. La apnea no se trata solo de fuerza física, sino de fortaleza mental. Esa parte me faltaba y para mí sentir que no puedo hacer algo es súper frustrante. Me dije: ¿cómo no voy a poder hacerlo, si puedo todo lo demás? En ese momento se encendió en mí el deseo de saber más e ir más allá.


Ericka cumpliendo su sueño de participar en su primer mundial de profundidad. Logró 4 récords nacionales y el puesto 14 del mundo en dinámica sin aletas. Fotografía: Kohei Koko.



—¿Alguna vez sintió miedo al practicar este deporte considerado “extremo”?

—Sé que es conocido como “extremo”, pero sabemos muy poco al respecto. La apnea es una práctica milenaria que se realiza desde hace más de 10 000 años. Es algo nuevo porque no ha sido muy difundido. Creo que se considera extremo porque no depende de nadie más que de ti. Yo practico una apnea consciente, es decir que estoy consciente de mis límites. Hasta ahora he bajado 65 metros de profundidad, pero sé que puedo más. Solo debo ir poco a poco. Podría hacer algo “extremo” y bajar de golpe sin medirme, arriesgando mis oídos y mis pulmones, pero no. Decidí seguir este camino, aunque sea más lento, enfocada en la meta de los 100 metros.

—¿Por qué 100 metros?

—Quiero ser una de las pocas mujeres en la historia que han tocado los 100 metros. ¿Pueden creer que hay más personas que han ido a la luna en comparación a quienes han llegado a esta profundidad? Para mí, sería un honor ser la primera mujer ecuatoriana en alcanzar los 100 metros.

—¿Cómo fueron sus años de entrenamiento, antes de empezar a competir?

—Antes de ser mamá, entrené con distintos instructores y gente de élite que podía enseñarme. Fui a Colombia, Italia y México. Aun así, siempre tuve “esa voz” que me decía que no estaba lista, que debía seguir aprendiendo. Creo que por eso me tomó siete años prepararme, porque psicológicamente no estaba lista, aunque mi cuerpo sí lo estaba. Luego tuve a mi primer bebé y regresé a vivir a Galápagos. Allí entrenaba en el mar, sola, sin nadie que me cuidara. A la par me mantuve también en el crossfit, el yoga y siguiendo el plan de mi entrenador.


Soufriere, Dominica, julio 2023. Ericka justo después de haber completado su primera competencia de profundidad sin saber que obtuvo tres medallas. Fotografía: Mehdi Allam.



—¿Siempre creyó en su potencial?

—Mis logros vinieron de la mano de mi disciplina. Nunca pensé que lo lograría; ni siquiera estaba segura de si era tan buena, solo creía que era afortunada. Mi meta siempre fue saber cuánto podía bajar sin que me dolieran los oídos. Cuando no duelen, eso se llama ecualizar. Más allá de metas y récords, pensaba en eso. A mí siempre me dijeron “you’re not good enough”, que no era suficientemente buena. Siempre había alguien mejor. Muchas veces me seleccionaban en natación u otro deporte y luego elegían a otra persona. Como ocurrió tantas veces, me lo creí y eso hizo que tardara siete años en competir. Mi entrenador me repetía: “tienes que hacerlo, tienes que creer en ti”. Ese miedo nunca se fue del todo, pero me atreví y sigo haciéndolo. 

En 2025, cuando llegué al podio en Peso Constante Bialetas, en la competencia internacional Deep Dominica —una de las más exigentes del circuito mundial—, estaba impactada. Lo había logrado y, mientras pensaba en mis hijos, me dije: “no puedo creerlo; ojalá algún día se sientan orgullosos de su mamá”.

—¿Cómo nace su escuela y qué busca con este proyecto?

—Todo lo que viví: cuando me decían que no era buena o elegían a otra persona por conveniencia, me impulsó a crear este espacio. Fundé mi escuela, Carrera Freediving School, el 8 de marzo de 2022, en el Día de la Mujer. Fue una fecha importante porque pasé por muchas injusticias en las federaciones y no quiero que nadie más pase por eso. Busco democratizar la apnea en Ecuador. Que no sea solo para unos pocos, sino que la gente entienda que este deporte cambia la vida y enseña a controlar la mente y los miedos. No quiero ser la única en alcanzar los 100 metros de profundidad, quiero abrir camino para que muchos más lo consigan.

Soufriere, Dominica, julio 2025. Ericka a dos días de su competencia de profundidad. En ese viaje tenía muchos pensamientos e inseguridades, ya que atravesaba el posparto de su segundo bebé y cortó lactancia para ir a la competencia. Estuvo fuera de Ecuador 36 días, donde logró cinco récords y una medalla. Fotografía: Lieke Post.




Ser parte del proyecto inspirencers 

—¿Cuándo y cómo inicia con la creación de contenido en redes sociales? 

— Siendo sincera, mi Instagram comenzó hace muchísimo tiempo. A mí siempre me gustó tomar fotos y tener una cámara en mis manos todo el tiempo. Instagram se convirtió en un espacio de arte, de fotos bonitas y de compartir un poco más de tu vida.

En lo personal, no me gustaba mucho salir frente a la cámara, pero un día me dije: “¿Por qué no? Si es mi cuenta”. Entonces comencé a publicar lo que hago en la vida real: mis actividades, mi trabajo, etc. Así inicié en el mundo de las redes. Todo fue muy orgánico y natural, siendo siempre yo misma, sin aparentar algo diferente. 


Ericka en expediciones en las Islas Galápagos, octubre de 2023. Fotografía: Jaime Haz.




—¿Cómo fue su acercamiento con el proyecto Inspirencers de Corporación Favorita? 

— Cuando estaba en el posparto de mi segundo bebé, me contactó Corporación Favorita. Una amiga mía había participado en la campaña de Inspirencers en sus inicios y decidió ponerme como ejemplo, utilizando mis fotos, videos e información. Gracias a eso tuve mi acercamiento al proyecto.

Creo que cuando las cosas están destinadas a ser, fluyen sin problema. Así empezó mi colaboración con Corporación. En ese entonces, su equipo fue a mi casa para grabar el video de Inspirencers. Yo estaba literalmente a tres semanas de haber dado a luz y en el video parecía un pequeño bollito (risas).

Cuando editaron el video, recuerdo que me preguntaron: “¿estás segura de que quieres que salga así?”. Entendí que lo hacían por respeto y consideración, y yo les dije: “Así me veo. No voy a cambiar ni a tunear mi imagen. Si ustedes están de acuerdo, está bien. No voy a verme así toda la vida, estoy viviendo un proceso”.

Ellos aceptaron, y eso me gustó mucho, porque en redes sociales muchas veces se busca la perfección. Al contrario, ellos me aceptaron siendo yo: imperfecta, pero auténtica. Aprendí que en la imperfección también hay belleza y que los estándares no deberían encasillarnos, porque cada persona es única.

Así empecé a compartir contenido y consejos relacionados con la apnea. Me dije: si comparto esta información, aunque pueda sentir vergüenza por cómo me veo, tal vez logre ayudar a alguien. Y sí, esa es la verdad. Crear contenido me ha permitido acercarme y apoyar a muchas personas.

A veces me escriben y me dicen: “probé tu respiración”, “me fue excelente”. Aunque tengo formación como periodista y me gusta más escribir que salir frente a cámaras, con la intención de ayudar he avanzado en redes sociales.

Al final, somos lo que damos. No sabemos cuánto tiempo estaremos aquí, y siento que mi propósito es ser un instrumento para otros. No hay nada más bonito que alguien te recuerde porque lo ayudaste y sienta gratitud por eso.

Si pudiera definir cómo ha sido ser Inspirencer, en una palabra, ¿cuál sería?

— Lo resumiría en motivación. Para mí, ser Inspirencer es motivación. No solo quiero generar un cambio positivo, sino también ser cada día mi mejor versión, mejor que ayer.

Creo que ser Inspirencer es esforzarse por ser una mejor persona para el mundo, para la sociedad, para mis amigos, mi familia, mis hijos… para todos. Y eso es: motivación.

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