Una pantalla puede facilitar la hora de comer, pero su uso constante puede dificultar que el niño reconozca su hambre y saciedad. Descubre cómo recuperar la atención en la mesa y favorecer una relación saludable con los alimentos.
“Una cucharada más y terminamos”. El niño permanece concentrado en la tablet mientras el adulto acerca el siguiente bocado. Esta escena, que puede comenzar como una estrategia para facilitar la hora de la comida, termina convirtiéndose en un hábito difícil de cambiar: si no hay pantalla, tampoco hay interés por el plato.
Durante los primeros años, el niño conoce los alimentos a través de sus sentidos, desarrolla habilidades para comer y aprende a reconocer sus propias señales corporales. Este proceso debe ser acompañado por los padres, quienes cumplen un rol clave en la construcción de una relación saludable con la comida. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una alimentación responsiva: observar las señales de hambre y saciedad del niño, alimentarlo con paciencia, animarlo y favorecer la interacción durante las comidas.
No se trata solo de cuánto come
Pensemos en un niño de tres años. Acepta verduras mientras mira dibujos animados, pero cuando se retira la tablet deja de comer. Con el tiempo, sus padres terminan utilizando la pantalla en cada comida porque temen que, sin ella, no consuma suficiente alimento.
El problema no es que el niño haya comido una vez frente a una pantalla. El riesgo está en convertir la distracción en una condición necesaria para alimentarse. Así, se pierde una oportunidad para aprender a reconocer sabores, texturas, temperaturas y señales corporales, además de conversar y relacionarse con quienes comparten la mesa.

Explorar antes de comer
La mesa puede convertirse en un pequeño espacio de aprendizaje. Los niños también conocen el mundo a través de los sentidos: observan el color de un alimento, sienten si es blando o crujiente, descubren nuevos sabores y aprenden progresivamente a manejar diversas texturas.
Los adultos tienen un papel esencial en este proceso. En lugar de convertirse en “alimentadores” que introducen rápidamente cada bocado mientras el niño mira una pantalla, pueden acompañarlo y observar sus señales.
Por ejemplo, en lugar de encender un video para conseguir que coma una zanahoria, puedes decir: “Mira, esta zanahoria está crujiente”. También puedes permitir que el niño la tome con sus manos, utilice sus cubiertos cuando corresponda o decida cuánto de lo ofrecido quiere comer, de acuerdo con su edad y desarrollo.
El cambio empieza por los adultos
Si queremos una mesa sin pantallas, la regla debe ser para todos. No resulta coherente pedirle al niño que deje su tablet mientras el adulto responde mensajes en el teléfono.
No es necesario convertir este cambio en una batalla. Si el niño está acostumbrado a comer siempre con una pantalla, es posible anticipar la nueva rutina. Comienza con una comida al día sin dispositivos y aumenta progresivamente ese tiempo. Lo importante es mantener el límite con calma y ofrecer una alternativa: conversación, participación y atención.

¿Cómo retirar la pantalla sin convertir la comida en una pelea?
Si el dispositivo ya forma parte de la rutina, es normal que el cambio genere resistencia. En lugar de quitarlo de manera repentina y esperar que el niño lo acepte sin protestar, puedes preparar la transición.
1. Explícale el nuevo acuerdo
Antes de la comida, dile qué ocurrirá: “Hoy vamos a comer sin tablet. La tablet descansará mientras comemos”. Evita largas explicaciones y mantén el mensaje sencillo.
2. Empieza por una comida
Escoge una comida del día y conviértela en un momento libre de pantallas. Cuando la nueva rutina se vuelva familiar, puedes extenderla al resto.
3. Retira el dispositivo de la vista
No basta con ponerlo junto al plato boca abajo. Guárdenlo en un lugar determinado durante la comida. Esto también aplica al teléfono de los adultos.
4. Anticipa el final
Si el niño estaba viendo un programa antes de comer, avísale unos minutos antes de apagarlo. Las transiciones previsibles suelen ser más fáciles de aceptar que un corte inesperado.
5. Sustituye la distracción por conexión
No necesitas entretener al niño durante toda la comida. Conversa, pregúntale qué fue lo que más le gustó de su día o invítalo a describir lo que tiene en el plato.
6. Evita convertir la comida en premio o castigo
Frases como “si comes todo, te doy la tablet” mantienen la pantalla como una recompensa. Es preferible que los dispositivos tengan sus propios momentos y que la alimentación conserve su espacio.
7. Ten paciencia
Puede haber protestas los primeros días. Mantén el límite con tranquilidad y evita entrar en una negociación interminable. Si el momento se vuelve muy tenso, haz una pausa y retoma la rutina en la siguiente comida.
Cinco ideas para conversar en la mesa
Cuando no hay una pantalla ocupando la atención, puede parecer difícil saber de qué hablar. Prueba con preguntas sencillas:
- ¿Qué color tiene este alimento?
- ¿Es suave o crujiente?
- ¿A qué te recuerda su sabor?
- ¿Cuál fue tu momento favorito del día?
- ¿Qué alimento te gustaría probar nuevamente?
No hace falta convertir la comida en una clase. La conversación espontánea también alimenta el vínculo.
Nutrir también es acompañar
Una alimentación adecuada no se construye solamente con alimentos nutritivos. Durante los primeros años, también se aprende a comer, a reconocer cuándo se tiene hambre o cuándo se está satisfecho.
En la prevención de la desnutrición crónica infantil, cada aspecto del cuidado cuenta. Una dieta variada y suficiente, la higiene, la prevención y atención de enfermedades, los controles de crecimiento y desarrollo, y una alimentación responsiva forman parte de ese cuidado integral.