jueves 21 de octubre de 2021

El amor en transformación y construcción

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El amor en transformación y construcción

El amor en transformación y construcción

El amor en transformación y construcción

Maritza Crespo y Diego Tapia F.

Psicólogos Clínicos
0987062628

La nueva realidad que atravesamos ha puesto a prueba todo tipo de relaciones interpersonales, sobre todo las de pareja.

Las preguntas sobre el amor

La pandemia ha significado un punto de quiebre en cuanto a cómo nos vinculamos los unos con los otros. Las preguntas sobre el amor han sido constantes desde que el mundo es mundo: ¿Qué significa?, ¿Cómo nos afecta?, ¿Cuál es su devenir y sus transformaciones? Y también: ¿Cómo estar a la altura del amor?, ¿Cómo evitar qué decaiga?. ¿Cómo vivirlo y disfrutarlo?

Entre las consultas más significativas en nuestro espacio terapéutico hemos escuchado cómo parejas que estaban constituidas firmemente han visto afectada su tranquilidad psíquica y su paz mental. Estudios realizados por universidades en el mundo sostienen que un 35% de las parejas que vivían juntas se han separado/divorciado desde junio de 2020, como efecto de la presión que ejerce la incertidumbre sobre nuestras vidas ahora expuestas a una nueva realidad.

A continuación, tres escenarios para la reflexión, buscando comprender y aportar a las parejas que están iniciando, viviendo o terminando una situación en su relación que podrían catalogar como “crisis”.

Escenario 1. “Mírame y no me toques”

Natalia, 25 años. La pandemia la encontró con trabajo estable y explorando la posibilidad de una relación afectiva. Encontró, en las redes sociales, un espacio nuevo para vincularse. Se pregunta si es “normal” que ella ahora prefiera este tipo de vínculo, al que implicaba el salir y “tomarse un café, farrear o divertirse”. Sus padres quieren que salga, que no esté encerrada. Ella afirma que tiene miedo.

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Dice: “Es cierto que sin la Internet la cosa sería más difícil. Nunca me fue fácil hacer amigos, por lo mismo, el confinamiento no constituyó un cambio muy grande para mí. Ahora mismo, estoy viéndome a menudo con alguien que está en otro país. Nos citamos online y él siempre está. Nunca me falla ni yo a él”.

No le hace falta más, ni lo quiere. Cuando conversamos sobre la monogamia, ella sonríe. Dice que no se lo ha planteado, que ella habla con otras personas y que seguramente él también lo hace. “No soy mis papás”, dice seria.

El de Natalia, no es un ‘caso’ aislado. El amor es real en esas circunstancias, tanto como si pudieran verse cara a cara. Incluso más porque la presencia del otro es constante, pero no invasiva. No existe el desgaste de las rutinas de la convivencia.

Sería muy audaz pensar que la pandemia de COVID – 19 ha inaugurado una nueva forma de amor. Lo que es cierto es que ha reformulado las vías, ha cuestionado los estándares y ha abierto nuevas posibilidades. Esto va más allá de lo ‘normal o anormal’ que determina la sociedad o la ciencia. Se trata de una posibilidad, sostenida en la palabra que circula, la escucha que resignifica y la mirada que construye, y en ese sentido, es válida y respetable.

Escenario 2. “Nunca pensé que tendría que verte todo el tiempo”

Juan y Johana son una pareja que vivió junta por más de 10 años. Con dos niños de cuatro y siete años, los dos trabajaban fuera de casa y se constituían en un ejemplo para sus familias y amigos por su cercanía y ternura entre ellos. Sentían que los dos contaban uno con el otro, que podían concretar sus proyectos y que eran felices. Buscaban darse tiempo para hablar y comunicarse durante el día y los fines de semana se distribuían las responsabilidades familiares y de la casa.

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Johana, dijo que sentía que no podía seguir con la relación. No aguantaba a su esposo, no tenía fuerzas para hacerse cargo de todo. Juan, afirmaba que ella se había vuelto agresiva, irritable, sin deseo mutuo, y que pasaba encerrada trabajando o molesta en la cocina. Para los dos, les faltaba oxígeno y energía para seguir juntos. La relación estaba definitivamente terminada y su preocupación ahora era cómo hacer con los niños. Cómo decirles que ya no se querían y resolver los temas judiciales y logísticos de la separación.

Sin duda, el confinamiento al que la pandemia sometió a la pareja, como a tantas otras, les hizo replantearse la vida juntos, reconocer que habían cambiado y que el amor ya no era viable. Compartir el mismo espacio 24/7 los desgastó al punto de que la ruptura fue irreconciliable. No había diálogo ni escucha posible. En definitiva, el proyecto de pareja estaba roto y los dos vieron que no había ya posibilidad de una vida en común.

El espacio de diálogo terapéutico facilitó concretar acuerdos en beneficio de los niños y logró dar pautas para que cada uno, por su lado y no como pareja, pudieran vivir la vida que quisieran buscando su realización.

Escenario 3. “Juntos en la incertidumbre”

Danilo y Lucía llevaban tres años de noviazgo. La pandemia los encontró en una relación “abierta”, según nos comentan en el espacio de terapia al que acuden. Primero él y un par de semanas después ella por su invitación. Hasta ese momento, cada uno tenía otras relaciones, por acuerdo propio y no querían comprometerse, aunque, sin duda, se llevaban bien y se gustaban.

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Los primeros meses de confinamiento fueron difíciles. Se dieron cuenta, según sostienen, que no verse, no sentirse y no abrazarse, los golpeó demasiado y tomaron la decisión de que él fuera a vivir con ella. A partir de ahí se descubrieron como compañeros, amigos y amantes. Pudieron valorar el espacio compartido, las conversaciones y la intimidad que produjo el no poder salir. Frente a la incertidumbre del contexto, lo único que tenían era al otro.

La historia de Danilo y Lucía cambió a partir de esta nueva forma de encontrarse. Se enamoraron y decidieron construir un proyecto en conjunto, confiando cada uno en el otro. Para ellos, que habían rehuido el compromiso que implica el encuentro adulto con el amor, el reconocerse de esta manera implicó un cambio de paradigmas y una ilusión renovada.

Decidieron, como el 30% de parejas en el mundo, según señalan las investigaciones, apostar por un encuentro amoroso que los comprometa, surgido de la inseguridad que implica el contexto de crisis.

Diversidad y riqueza de posibilidades

La coyuntura ha implicado, también, una apertura a nuevas formas de mirar el amor de pareja y al reconocimiento del otro, y de uno mismo, como personas que pueden transformarse. No hay solo una forma de amar, el amor puede presentarse de muchas maneras, siempre y cuando este invite a la libertad, a la creatividad y el buen trato recíproco.

En estos tiempos, el amor no está marcado o definido, estáticamente, por una sociedad que también vive en la incertidumbre por el mañana. Sería ingenuo esperar o exigir un recetario para amar y ser pareja. Tampoco sirven las idealizaciones ni las expectativas de perfección. Hoy, más que nunca, el ser pareja es una cocreación de sus protagonistas, algo que significa responsabilidad, creatividad, confianza y gozo compartidos. Aprender a dialogar con la flexibilidad que nos da libertad. Libertad para transformarnos y crecer con alegría.

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