El diálogo, esencial para la convivencia

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Fadhila Mammar es una renombrada mediadora y experta en Mediación Intercultural. Corporación Líderes para Gobernar (CLPG) conversó con ella en su visita a Quito.

La voz de Fadhila es pacífica, así como los conceptos que promulga. Sus palabras edifican. Ella es originaria de Túnez. De niña, su familia emigró a Francia y conoció lo que era sentirse diferente. Por ello, se dedica a conectar y hacer coincidir en lo común a las personas. Corporación Líderes Para Gobernar (CLPG) conversó con ella sobre la necesidad de tender puentes y abrir el diálogo. “Los países tienen diversidades milenarias. Otras son más recientes, pero todas las sociedades tienen y tendrán cada vez más diversidad”.

La especialista afirma que es indiscutible admitir que tenemos más semejanzas que diferencias. Si todos pudiéramos hacernos un examen de ADN “nos caeríamos de la impresión”. Desde su experiencia, esta experta en mediación, recomienda que estas diferencias que existen sean comprendidas y compartidas. “Necesitamos pactos para convivir. No podemos enfocarnos solo en las diferencias. Debemos apreciar todo lo que tenemos en común”.

Esto es algo que podría aplicarse a la sociedad, a sus formas de gobiernos y también a las relaciones de amigos, pareja, padres e hijos. Fadhila dice que la convivencia es una construcción conjunta, que edifica identificando lo que tenemos en común, trabajando para ello y atendiendo las diferencias desde lo intercultural. “Para convivir, necesitamos acceso a los recursos. Que nuestras necesidades básicas estén cubiertas. No va a haber convivencia ni paz social donde la desigualdad sea enorme”.

Ahora, cuando logramos pensar en convivencia, pasamos a revisar qué es el diálogo. Una palabra común en estos tiempos pero poco practicada y entendida. La experta afirma que el diálogo es un modo de convivencia, que sirve para tomar decisiones conjuntamente, y así llegar a acuerdos.

“El diálogo tiene ideas, deseos y anhelos, asumiendo que en este proceso, estos deben transformarse, incorporando lo que los otros aportan también. Esto es diferente a un debate, donde cada uno defiende su tesis, cueste lo que cueste. En el diálogo no se trata de ganar en base a los argumentos, sino escuchar los argumentos del otro para retener aquello que puede enriquecer las ideas y aportar soluciones. Hablar, escuchar y no imponer”.

Hay mucha sabiduría en sus respuesta que, de alguna manera, brindan esperanza. Por ello, nos habla de trazar puentes, para lo cual, es fundamental jugar limpio. Esto se logra viendo al otro como igual y validarlo como interlocutor, con las mismas capacidades y derechos. “Si quieres tender puentes es porque vas a incluir al otro, de verdad. Es una construcción entre dos partes”.

Resuelvo, luego existo

Los conflictos son problemas no resueltos, o que no se atendieron en su debido momento. Lo importante es resolver los problemas cuando aparecen. Aquello que ‘el tiempo lo cura todo’, no es del todo cierta. Un conflicto puede quedarse escondido durante años y reaparece, aún si tarda años en hacerlo. Si no sabemos cómo tratar el problema, urge sentarse con las partes implicadas y afectadas para dialogar y resolver las causas, buscando soluciones prácticas.

Esto supone otra forma de ejercer el poder y de construir relaciones, porque hablamos de participación, construcción y corresponsabilidad. Es un cambio de paradigma, no basta con la democracia de mayorías. Debemos permitir que los ciudadanos participen activamente con opción y toma de decisiones por la gobernanza. “Después del diálogo quedan los compromisos. Solo ahí podemos hablar de un diálogo efectivo, lo contrario genera más frustración”.

El poder de la palabra

“La palabra tiene mucho poder. Daña o cura. Es fácil usarla para polarizar y crear enemigos. Es lo que está pasando ahora, en gran cantidad de países. La polarización es una estrategia política. Consiste en usar una palabra sin matices. Es una palabra absoluta: si no estás de acuerdo, estás en mi contra. Estamos viviendo un tiempo en el que la palabra pública, con frecuencia, se usa para dañar y desacreditar”.

La palabra que construye busca soluciones y ennoblece al ser humano. Es aquella que sabe ponerle color y matices a la realidad. No solo habla de lo blanco o negro de una situación. Es una palabra eficiente, que construye en la búsqueda de soluciones.

“Vivir es tener conflictos. Ese no es el problema. Lo importante es aprender a gestionar las diferencias. No hay una asignatura para ello, pero si una actitud y la voluntad de cada uno”

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